-Venga,
vamos -dice Cato, tirando de mi brazo.
Echo
una última mirada hacia atrás. No puedo contar el número de
cadáveres que yacen inmóviles en las inmediaciones de la
Cornucopia. Fred no está, o eso creo.
Llegamos
a uno de los oasis que hay en la Arena, los árboles son bastante
frondosos, por lo que será fácil esconderse.
Nos
sentamos en la orilla de un pequeño lago, no muy grande, pero con un
poco de suerte, un buen suministro de agua.
-No
ha estado mal -comenta Gloss, con una sonrisa, mientras se sienta al
lado de su hermano.
Todos
concuerdan con ella y comentan cómo les ha ido. Yo no sé muy bien
qué hacer. ¿Han visto el vídeo? Claro que lo han hecho. No
entiendo por qué Cato hace como si nada. Es repugnante, si, pero
aunque suene raro, creí que... No sé.
-Se
está haciendo de noche -dice Clove, muy seria. -Deberíamos ir a
buscar leña para hacer fuego.
-¿Con
el calor que hace? Creo que no nos hará falta, enana -dice, soltando
una risa burlona que hace que las finas facciones de Clove se tensen
y sus mejillas adopten un color rojizo.
-Creo
que tiene razón -digo, y la risa de Cato para. Trago saliva y
continúo. -Recuerda que todo está controlado por ordenador, puede
que ahora haga calor y dentro de 10 minutos esté nevando. No está
de más tener provisiones.
-Hum...
bueno, es cierto -dice Cato, mientras se levanta.
Comienza
a caminar en dirección a la parte frondosa del oasis, con Glow a su
derecha y Clove siguiéndoles un par de pasos por detrás.
-Oye,
Kate -me dice Gloss, apartándose el pelo hacia atrás con un gesto
que catalogaría como lo más elegante que he visto en mi vida. -Te
noto rara, ¿te pasa algo?
-No,
bueno -miro a mi alrededor- todo esto es... inquietante. Además
-decido sincerarme- estoy un poco preocupada por, ya sabes... el
vídeo.
-Oh,
ya decía yo... Le quieres, ¿verdad? A tu mentor. Finnick, ¿no? -me
pregunta.
Casi
pude sentir cómo se me paraba el corazón. Siendo consciente de mi
estupefacción, continúa.
-Escucha
-dice, sentándose frente a mí con las piernas cruzadas- a veces,
los mentores no son del todo... éticos. Conozco casos de chicas que
han tenido que acostarse con sus mentores para conseguir
patrocinadores. Le puede pasar a cualquiera. Convencí a Cato de que
te había pasado algo así. Que había hablado contigo un momento
después de las entrevistas y que te habías desahogado conmigo. Le
dije que hubieras sido tonta si te hubieses resistido, y pareció
entenderlo. Quiero decir, los patrocinadores valen tu vida.
Literalmente. Yo, por ejemplo, nunca lo hubiera hecho, porque los
patrocinadores me importan más bien poco. Sé que mi hermano y yo no
podemos ganar porque solo se permite un ganador. Ambos sabemos que
vamos a morir, porque yo no podría vivir sin él, ni él sin mí. O
sea que es cuestión de tiempo -hace una pausa- Pero tú has venido
sola. Tiene mucho sentido. Eres guapa, él no está nada mal -sonríe
de lado- Tienes todo el derecho del mundo a luchar por tu vida, sea
como sea. Aquí no hay normas, Kate. Esto es la supervivencia. Y
puedes estar tranquila, haré lo que esté en mi mano para que salgas
de aquí por tus propios medios. Pero tienes que ser feroz, Kate. No dejes que te pisen. No les dejes creer que eres débil. Y menos a Clove. Sé que sientes lástima por ella. La implicación emocional está bien, hasta cierto punto. El punto en el que se convierte en un esfuerzo excesivo. Y siendo benévola no vas a conseguir nada.
Las
palabras se arremolinan en mi garganta, peleándose entre ellas por
ver cuál sale primero. Me acerco a ella y la abrazo con todas mis
fuerzas. Ella corresponde mi abrazo, y aunque no le veo la cara, sé
que sonríe.
-Gracias
-susurro, con las lágrimas a punto de salir.
-Vaya, vaya, vaya, qué escenita, señoritas -dice una voz desconocida.
Ambas nos separamos. Es un chico, pero no recuerdo haberle visto antes. Tiene el pelo negro y los ojos azules y ansiosos. Lleva el número 5 bordado en la manga de su camiseta, y un cuchillo largo y de dientes afilados en su mano izquierda. Sonríe con malicia.
Me levanto rápido y me dirijo a buscar cualquiera de las armas que hemos cogido, pero la velocidad de reacción de Gloss me supera con creces, y para cuando me giro, ya le está apuntando con el arco.
-¿Decías? -dice ella, sonriendo orgullosa, y dispara una flecha metálica que se incrusta lentamente en el pecho del chico.
Éste hace una mueca de pánico, cayendo de rodillas, hasta que finalmente se desploma debido a la pérdida de sangre.
-Machista asqueroso -murmura Gloss, asestándole una patada en el hombro.
Me siento inútil en estos momentos. Probablemente estaría muerta ahora mismo si ella no hubiese estado aquí. O tal vez no.
Cuando los demás vuelven, ya ha anochecido. Mientras preparamos algo para comer, el cielo se ilumina de pronto: van a pasar la lista de los Tributos que han fallecido hoy.
Observo el firmamento atenta, deseando con todas mis fuerzas que la cara de Fred no aparezca.
Han sido un total de 8: Los dos del 5, el chico del 7, la chica del 9, los dos del 8, la chica del 11 y la chica del 12.
Respiro con alivio, aunque con la angustia de que tal vez no muriera hoy, pero puede que lo haga mañana.
De pronto, Clove se pone en pie.
-¿Cómo sabemos que nos quedaremos todos dormidos al mismo tiempo? ¿Cómo sé que nadie -me mira- me atravesará con una lanza mientras duermo?
Decido contestarle.
-En eso consiste una alianza, Clove. En confiar en un grupo de desconocidos que podrían matarte sin que ni siquiera te diera tiempo a abrir los ojos. Pero, si no estás segura de esto, puedes irte ahora. Te prometo que no te atacaré por la espalda. O quizá sí. ¿Quién sabe?
Cato, Gloss y Glow se carcajean.
Casi sin que nos demos cuenta, Clove coge uno de sus cuchillos y lo lanza a la altura de mi cabeza, pero afortunadamente para mí, tengo buenos reflejos.
-Vamos, Clove -le dice Cato. -No hace falta ponerse así, solo era una broma.
Ella arde de rabia. Mira a Cato con seriedad.
-Estás traicionando al Distrito -dice, casi en un susurro.
Él se pone en pie, como impulsado por un resorte invisible, y se coloca frente a ella, muy cerca.
-¿Qué has dicho? -le pregunta mientras avanza, haciendo que ella se aleje hacia atrás.
Cato es mucho más alto que Clove, así que tiene que agacharse para poder mirarla a la cara.
-He dicho que... -dice ella con rabia- Nada.
-Más te vale. Sabes que no me costaría nada partirte el cuello ahora mismo -sentencia él, dándole la espalda, y comienza a caminar alejándose del grupo, dirigiéndose otra vez a la zona de la Cornucopia.
Gloss y Glow se miran, conversando en su idioma silencioso.
El pecho de Clove se hincha y deshincha con rapidez. Lanza un último cuchillo que sujetaba con fuerza en su mano contra el suelo, dejándolo clavado hasta el mango, y camina en dirección contraria, hacia la zona de los árboles.
Guardo silencio un momento, intentando recuperar la calma después de lo que acaba de pasar, y decido ir a buscar a Cato.