Silencio. Está todo muy oscuro, no veo nada. Solo algunos destellos de la luz artificial de la luna sobre el metal de la Cornucopia. El jugo de las almoras ha teñido mis manos de un tono rojizo. Parece sangre. Me las froto con nerviosismo contra mis pantalones, con asco.
Cuando llego a la Cornucopia, entro para ver si por casualidad queda algo aprovechable. Parece que ha pasado un tornado. Está todo vacío, excepto algunas cajas con fruta podrida por el calor. Entonces es cuando lo veo. Hay un cuerpo en el suelo. Está boca abajo, pero por la anchura de su cuerpo sé que es un chico. Su abdomen no toca el suelo. Me acerco despacio y me agacho cuando llego a su lado. Me quedo así un par de minutos, para asegurarme de que no respira. Trago saliva y le doy la vuelta. Unos 17 años, aproximadamente. No consigo recordar de qué Distrito era, pero por su tono de piel, supongo que del 11. Tiene un machete hundido en el estómago. Lleva la chaqueta desabrochada, y el que le clavó el machete debió de haberse ensañado, porque sus vísceras sobresalen de la herida en forma de estrella. La visión hace que se me revuelva el estómago y no puedo evitar vomitar.
Saco el machete de su abdomen con un movimiento limpio, aunque cuesta, y limpio la sangre espesa contra mi pantalón. Le miro por última vez y me pongo en pie.
Cuando salgo de la Cornucopia, el cielo ha cambiado. Luces cegadoras al rededor de la cúpula iluminan la Arena, pero no consigo ver de dónde vienen. No son focos. Son luces, simplemente. Me siento desprotegida en la gran explanada.
Y ahí está ella. Clove. Lleva el pelo suelto, ligeramente húmedo, tal vez por el sudor. Hace mucho calor. La luz me permite ver cómo me mira. Puedo ver su media sonrisa maliciosa, recreándose en su mente con todo lo que está a punto de pasar, algo que seguramente lleve pensando mucho tiempo. Se acerca, despacio, y yo también camino hacia ella. Pienso en lo entusiasmados que deben estar todos en el Capitolio. Pienso en quién, de todas las personas que conozco, estará viendo esto. Con esa excitación culpable por ver correr la sangre, pero procurando que nadie lo note. Los seres humanos somos simples. Pan y circo, nada más.
Cuando nos separan aproximadamente unos diez u once metros, lanza el primer cuchillo. Consigo esquivarlo con rapidez agachándome, pero no pasa ni medio segundo cuando lanza el siguiente, que me pasa rozando la cabeza y me abre una profunda brecha.
"Ahora o nunca", pienso. Vuelvo a ponerme de pie, algo mareada, y lanzo el machete con todas mis fuerzas contra ella. Éste vuela cortando el aire y se queda clavado, como un arpón, en su hombro. Clove suelta un grito que me hiela la sangre, porque no es de dolor. Es de ira. Con una frialdad de la que no creía capaz a nadie, coge el machete con firmeza y se lo saca del hombro sin mover ni un músculo de su cara de niña. En lugar de lanzármelo, lo deja caer a su lado. Nunca había visto una mirada tan agresiva como la suya. Empieza a caminar en mi dirección, casi corre, y se abalanza sobre mí. Caemos al suelo y mi espalda se lleva la peor parte. Rodamos por el suelo de un lado a otro hasta que consigo ponerme encima de ella. Coloco ambas manos en su cuello y aprieto con fuerza. Entonces veo sus ojos, y veo a la verdadera Clove. Es una cría, no debe de tener más de 15 años. Tiene miedo. Me mira a los ojos, a mí, a su asesina. Sin saber cómo, ni por qué, mis manos aflojan el agarre poco a poco. Pasan tan solo unos segundos, el tiempo suficiente para que se impulse, poniéndose encima de mí, y deslice su último cuchillo con rapidez por mi pálido cuello.
No me duele. Veo sus ojos, los mismos de antes, los de la Clove tributo. La visión se vuelve cada vez más borrosa, y entonces tengo miedo. Cierro los ojos poco a poco, entregándome a la extraña calidez de la muerte. He perdido. Caras aleatorias pasan por mi mente en mis últimos momentos de lucidez, cuando empiezo a atragantarme con mi propia sangre. Mamá. Papá. El chico del distrito 11. Nuka. Matt. Effie. Cato. Las chicas del colegio. Cinna. Las gemelas. Gloss. Glow. El mar. Finnick. Finnick. Finnick.
FIN