Me siento al pie de un árbol, un poco antes de llegar a nuestro campamento, y el cielo se ilumina para dar paso a la lista de fallecidos en el día de hoy. Algunas caras me resultan familiares. Otras no me suenan de nada. Hacia el final del comunicado, veo la cara de Fred. La pena me invade. Creo que... no se merecía haber muerto. Quiero decir, sí, me traicionó, pero ¿no lo hubiera hecho cualquiera si fuese necesario? Justo después, Gloss y Glow. Recuerdo la expresión en el rostro de Gloss al mirar el cuerpo sin vida de su hermano, y un escalofrío me recorre la espalda. "Yo ya he muerto, Kate. Sin mi hermano, yo ya he muerto", me dijo. Supongo que al menos ahora están juntos.
Doce. Hoy han muerto doce. Si mis cálculos no fallan, quedamos cuatro. Dios mío, sólo cuatro...
Después de un par de minutos en silencio, pensando en las mil maneras en las que puede terminar todo ésto, decido ponerme en pie para volver junto a Cato. Al incorporarme, todavía con torpeza porque la herida me sigue doliendo, un trozo de papel cae de mi bolsillo.
-La nota de Finnick -me susurro a mí misma-
Desdoblo la nota con las manos repentinamente temblorosas, y leo en silencio:
Nada de lo que te diga ahora servirá para expresar todo lo que estoy sintiendo ahora mismo.
Lo estás haciendo genial, Kate, cada vez sois menos y tú sigues luchando, y eso es magnífico, pero a la
vez es algo terrible. Se acerca el final, y vas a tener que tomar muchas decisiones difíciles, vas a correr los
mayores riesgos de tu vida. Ojalá pudiera decirte qué va a pasar, cuál es el siguiente paso, cómo va a acabar todo ésto, pero no puedo. Cuando ví lo que Fred te hizo, yo... quise matarlo yo mismo. Confío en que la medicina que te envío te deje como nueva.
Te quiero, Kate. Te quiero. Te estaré esperando.
Finnick
Cuando las lágrimas han empapado la hoja tanto que es casi imposible leer lo que pone, la rompo y la entierro en el suelo. Si Cato la leyese sí que sería el final.
Creo que no era del todo consciente de la magnitud de la situación hasta este momento. He podido sentir su preocupación, las ansias de que todo acabe de una vez pero al mismo tiempo querer alargarlo lo máximo posible por miedo a lo que pueda pasar. También he sentido que me quiere, y eso lo cambia todo. Ambos sabemos que la situación es insostenible, que en cualquier momento algo fallará y... no quiero pensarlo.
Camino todavía algo confusa entre los árboles, hasta que por fin llego al campamento. La hoguera está apagada, algo que me resulta extraño teniendo en cuenta que han bajado las temperaturas. Miro hacia arriba, entre las copas de los árboles, pero no veo a Cato. Decido sentarme a esperarle, aunque soy consciente de que no es lo más inteligente, pero estoy muy cansada. Tengo las manos frías, así que me las meto en los bolsillos de la chaqueta y noto las bayas venenosas que todavía conservo, parte del obsequio de Katniss Everdeen. Si me las tomara... No, no puedo. Me odio a mí misma por haberlo pensado siquiera.
Un ruido llama mi atención entre los árboles y veo a Cato, que camina con paso lento y pesado. Intento descifrar la expresión de su rostro, pero me resulta imposible. Se sienta enfrente de mí, y al cabo de unos segundos levanta la vista y me mira.
-No era mi intención matarle... -me dice.
-Tranquilo, lo sé -contesto-.
Miente. Sabe que sé que miente, pero ni siquiera se preocupa por dar credibilidad a sus palabras. Simplemente lo ha dicho para asegurarse de que todavía me tiene, de que todavía pienso seguir a su lado, ya sea durante unas horas o un par de días.
Se sitúa a mi lado y me abraza por los hombros. Huele a una mezcla de sangre, sudor y tierra. Supongo que todos olemos así.
-Bueno... -empiezo. -Solo quedamos cuatro. Ambos sabemos que Clove no tardará en venir a por mí, así que... -vacilo un momento. ¿Qué estoy haciendo?. -Prefiero que me mates tú.
-¿Qu... qué? -me mira sin comprender, con el ceño fruncido y los ojos muy abiertos.
-Sé que no es fácil lo que te estoy pidiendo, pero prefiero que lo hagas tú antes que ella
Me pongo en pie y cojo una de las lanzas que descansan apoyadas junto al árbol en el que dormimos. Vuelvo a su lado y se la pongo en las manos, colocando la punta justo en mi corazón.
-Vamos, Cato -le digo con voz dulce, intentando que no se note que el propio miedo ya me está matando. - Hazlo.
Él no deja de mirarme a los ojos. Las manos le tiemblan, y no puede evitar que la lanza se le caiga.
-No puedo -me dice. Los ojos están a punto de salírsele de las órbitas. -No puedo hacerlo. No quiero matarte, Kate, no... Yo quiero estar contigo -dice con desesperación contenida.
Nunca le había visto así.
-Yo también quiero estar contigo -le miento-, pero me temo que no tardaremos mucho en separarnos. A no ser que... es igual, olvídalo.
-No, no te calles. ¿Qué ibas a decir?
-Iba a decir que, bueno... ¿recuerdas a Katniss y Peeta el año pasado?
Asiente.
-Ellos tampoco querían separarse, por eso recurrieron a... Ya sabes... El suicidio -le digo. Creo que me estoy arriesgando demasiado.
-¿Estás proponiéndome que nos suicidemos? ¿Crees que el Capitolio nos lo permitirá? -dice en un susurro, intentando evitar que los micrófonos lo escuchen.
-¿Y por qué no? Lo nuestro no es como lo del año pasado, Cato. Este año habrá vencedora, y será del Distrito 2. Clove. Tal y como tú querías. Estarás honrando a tu distrito con este sacrificio.
Tras unos minutos meditando, finalmente me da una respuesta.
-De acuerdo, hagámoslo -me dice, aparentemente seguro de lo que vamos a hacer.
Me acerco a él dejando la lanza a un lado y le beso en los labios. Él sostiene con fuerza mi cintura, como si temiese que me fuera a algún sitio, y yo rodeo su cuello con mis brazos, atrayéndolo más hacia mí e imaginando a duras penas que se trata de Finnick.
Finalmente, nos separamos.
-¿Cómo lo hacemos?
-Había pensado en bayas. Jaulas de Noche. Son rápidas, prácticamente indoloras y fáciles de conseguir. Iré a buscar unas cuantas -le digo.
-Voy contigo -dice, siguiéndome.
-Es mejor que te quedes aquí por si acaso aparece Clove, ¿no crees? -le digo, intentando sonar lo más inocente posible. -No tardaré, te lo prometo.
-Está bien, me quedaré por aquí.
Me alejo por un estrecho camino hasta llegar a uno de los arbustos que dan almoras, muy similares a las Jaulas de Noche (tanto que es fácil confundirlas) pero que sin embargo son totalmente comestibles, cojo unas cuantas, las meto en el bolsillo contrario en el que se encuentran las Jaulas de Noche y emprendo el camino de vuelta.
Cuando llego, me lo encuentro sentado en un tronco, preocupado. En cuanto me ve, la expresión de su cara cambia a una especie de alivio.
-Ya las tengo -le digo, y deposito las Jaulas de Noche en su mano.
Sostengo las almoras en mi mano y nos colocamos de rodillas el uno frente al otro.
-Espera un momento -me dice.
Me ha pillado.
-¿Estás segura de todo esto? No te ofendas, pero no quiero que te arrepientas cuando yo ya tenga las bayas en la boca.
-Vaya... creí que después de todo, tenías algo de confianza en mí -digo haciéndome la dolida.
-Sí, tienes razón... -me acaricia la mejilla. -Lo siento.
Le sonrío.
-¿Preparado?
-Sí.
-Contemos juntos, a la de tres.
1
2
y 3.
Ambos nos metemos las bayas en la boca. Las almoras estallan en mi boca con su sabor ácido, haciendo que me lloren los ojos. Cato se lleva las manos a la garganta, señal de que las Jaulas de Noche están haciendo efecto. Me quedo ahí, de rodillas, hasta que deja de luchar y se escucha el cañonazo. Le miro. Es solo una víctima más de todo ésto. Le cierro los ojos suavemente, me pongo en pie de nuevo y pongo rumbo hacia la Cornucopia.