sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulo 25

Encuentro a Cato apoyado en la Cornucopia, con la cara escondida en las manos. 
Al oírme llegar, se endereza y me mira de reojo, disimulando.
Le ofrezco un trozo de pan mientras le doy un mordisco al mío.
-¿Estás bien? -le pregunto.
-Si, es que siempre me ha sacado de quicio... -dice cogiendo el pan.
-¿Os conocíais? Antes de la Cosecha, me refiero.
-Si, mi madre y la suya eran amigas y coincidíamos a veces. Siempre ha estado un poco loca, solo hay que verla. 
-Pero te importa -le digo.
-¿Por qué dices eso? -pregunta él curioso.
-Por cómo te has puesto. Si no te importara lo que piense de ti, no hubieses reaccionado así.
-Bueno, en nuestra situación, creo que da bastante igual lo que pensemos los unos de los otros.
Nos quedamos en silencio durante un rato. Me pregunto dónde estará Fred. Si estará solo. Si se habrá aliado con alguien. Si se estará muriendo.
-¿No hace mucho calor? -me pregunta mientras se pasa las manos por el pelo.
-Si, y es raro, siendo de noche... 
-Creo que deberíamos volver, no es muy inteligente estar aquí sin armas.
-Habla por ti -le digo, palmeando el bolsillo derecho de mi pantalón, del que sobresale el mango de un cuchillo.
Él sonríe divertido y apoya una mano en mi espalda para encaminarnos de vuelta a nuestro campamento.
El camino no es muy largo y no es que vayamos a toda prisa, pero cuando llegamos, ambos nos hemos quitado las chaquetas y el sudor nos resbala por la frente.
-Vaya, menos mal -dice Glow en cuanto nos ve, mientras utiliza una esterilla para ventilarse torpemente. -Creía que éramos los únicos.
-¿A qué viene este calor? -pregunta Cato a nadie en concreto mientras se quita la camiseta. Alcanzo a ver una cicatriz en la parte derecha del bajo vientre. Apendicitis, supongo.
El calor es insoportable, cuesta respirar. Los pies me arden. 
-Viene del suelo -digo.
Gloss me mira como si acabase de decir que he visto un cerdo volando.
-¿Del suelo?
Me agacho y pongo una mano en la tierra bajo mis pies. Tengo que apartarla rápidamente, y cuando la miro,  está roja, como si hubiese tocado una estufa.
-Compruébalo tú misma -le digo, y mientras ella y su hermano toquetean el suelo incrédulos, me acerco a Cato. -Tenemos que hacer algo, está demasiado oscuro para ir a otro sitio pero no podemos dormir aquí.
-¿Qué sugieres? -me pregunta.
Echo una mirada a los árboles que nos rodean.
-Son bastante altos, podemos intentarlo, al menos. La temperatura seguirá subiendo, si nos quedamos en el suelo, probablemente no lleguemos a mañana.
-Tú mandas -dice él, sin pensárselo dos veces- Eres el cerebro del grupo.

Despierto con los rayos del sol quemándome la piel que no cubre la sombra del árbol. Cato me abraza, durmiendo todavía. "Es una suerte que quepamos los dos", dijo. Yo asentí y sonreí. Soy una buena mentirosa. 
He soñado con Finnick. Mi cerebro tiende a pensar en él durante todo el día, pero me obligo a mí misma a no hacerlo. Aunque el subconsciente es incontrolable.
No era un sueño claro, no recuerdo bien qué se supone que pasaba, pero recuerdo ver su cara como si la tuviese delante ahora mismo. Sus ojos, su boca, su pelo. Pero no está. No está aquí conmigo.
Algo pequeño y plateado llama mi atención en el suelo, debido a que los rayos del sol hacen que destelle y me ciegue por momentos. Al principio pienso que es un cuchillo, pero me extraña que se nos haya olvidado algo tan necesario como un cuchillo en el suelo. Me deshago del abrazo de Cato con cuidado y bajo torpemente del árbol. Me dejo caer cuando estoy lo suficientemente cerca del suelo, pero una oleada de dolor me recorre desde los talones hasta la cabeza. Demasiado alto. Me acerco al objeto brillante y descubro que se trata de una cápsula metálica, de esas que los patrocinadores envían a los tributos para echarles un cable. Pone "Katherine". Me aseguro de que nadie me ve y la abro con ansia, esperando que sea de parte de Finnick. 
Es del Distrito 12. Bayas venenosas. Jaulas de Noche, concretamente. Van acompañadas de una nota. "Úsalas bien. Firmado: Katniss Everdeen"

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