lunes, 25 de febrero de 2013

Capítulo 2


Acabamos de llegar a la plaza del distrito, donde se celebra la Cosecha, y es la primera vez en seis años que realmente me fijo en la escena. Madres desesperadas porque puede que no vuelvan a ver a sus hijos, jóvenes que tuvieron que ejercer como padres de familia debido a las circunstancias y que ahora tienen que dejar a sus seres queridos hasta quién sabe cuando. Es verdaderamente deprimente.
-¡Vamos hija, no te quedes ahí pasmada!. -me apremia mi madre. 
Sin darme cuenta, ya estoy en la fila de las chicas, la fila que lleva al registro en donde nos pinchan en un dedo para comprobar nuestra identidad, para asegurarse de que no hay nadie intentando suplantar a su propia hija, o a su querido hermano. Acompaño a Melissa y a Spencer hasta el grupo de las niñas, y me reincorporo a la fila de reconocimiento.
El pinchazo me devuelve a la realidad.
Nos colocan en dos bandos: a la derecha, los chicos; a la izquierda, las chicas.
Tras unos interminables siete minutos, en los que intento sin éxito convencerme de nuevo a mí misma de que el papel con mi nombre no va a salir de la urna, aparece esa curiosa mujer, Effie Trincket. Sube al escenario y se acerca correteando al micrófono perdiendo el equilibrio un momento, algo que me hace soltar una especie de risita nerviosa, más bien histérica. Este año, su pelo es rojo, rojo fuego, y parece que le esté sangrando la cabeza. 
Da tres golpecitos en el micrófono que resuenan en toda la plaza, y hace que me duela aún más la cabeza.
-¡Bienvenidas y bienvenidos! ¡Hola a todas y a todos! -dice.- Bien, como todos los años, comenzaremos este maravilloso evento con un video llegado directamente ¡desde el mismísimo Capitolio! -se queda callada un momento, expectante. Creo que esperaba que gritáramos de la emoción o algo así. Al darse cuenta de que es inútil, continua. -Bueno, bien, eh... ¡adelante el video, por favor!
Es la misma historia de todos los años, en la que el Presidente Snow habla de la creación de Panem, el país que se levantó de las cenizas de un lugar antes llamado Norteamérica. Enumera la lista de desastres, las sequías, las tormentas, los incendios, los mares que subieron y se tragaron gran parte de la tierra, y la brutal guerra por hacerse con los pocos recursos que quedaron. El resultado fue Panem, un reluciente Capitolio rodeado por trece distritos, que llevó la paz y la prosperidad a sus ciudadanos. Entonces llegaron los Días Oscuros, la rebelión de los distritos contra el Capitolio. Derrotaron a doce de ellos y aniquilaron al decimotercero. 
El Tratado de la Traición nos dio unas nuevas leyes para garantizar la paz y, como recordatorio anual de que los Días Oscuros no deben volver a repetirse, nos dio también los Juegos del Hambre.

Las reglas de los Juegos del Hambre son sencillas: en castigo por la rebelión, cada uno de los doce distritos debe entregar a un chico y una chica, llamados tributos, para que participen. Los veinticuatro tributos se encierran en un enorme estadio al aire libre en el que puede haber cualquier cosa, desde un desierto abrasador hasta un páramo helado. Una vez dentro, los competidores tienen que luchar a muerte durante un periodo de varias semanas; el que quede vivo, gana.
Coger a los chicos de nuestros distritos y obligarlos a matarse entre ellos mientras los demás observamos; así nos recuerda el Capitolio que estamos completamente a su merced, y que tendríamos muy pocas posibilidades de sobrevivir a otra rebelión.
Al acabar el video, creo ver a Effie Trincket enjugarse un par de lágrimas de emoción.
-¡Precioso, me he quedado sin palabras! ¿Vosotros no? -sé que lanzó esa pregunta trampa para poder beneficiarse de nuestro silencio sepulcral. -¡Maravilloso! A continuación, es un placer para mí dar paso a mis queridísimos amigos y futuros mentores de los afortunados que salgáis elegidos hoy... ¡Maggs Sanders y Finnick Odair! ¡Un fuerte aplauso!
Un aplauso más o menos general resuena en la plaza cuando aparecen. Suben al escenario a paso igualado, notándose el esfuerzo de Finnick por no dejar a Maggs atrás, teniendo en cuenta que ella tiene 78 años.
Finnick es una figura importante en nuestro Distrito, ya que ganó los sexagésimo quintos Juegos del Hambre con tan solo 14 años. Cuando eso pasó, yo solo tenía 8 años, pero recuerdo a todo el mundo maravillado con semejante acontecimiento, como si de pronto Finnick fuera hijo de todo el Distrito 4. 
Uno de los factores que le ayudaron a ganar fue el obsequio que nuestro Distrito le envió cuando estaba en la arena: un tridente de unos dos metros de largo bañado en oro. Se dice que fue el regalo más caro que un Distrito haya hecho nunca a cualquier tributo. 
Pero lo que le ayudó a conseguir patrocinadores fue, claramente, su extraordinaria apariencia física y su popularidad en el Capitolio. Yo creo que nunca le hizo falta esforzarse para conseguir que la gente le quisiera, ya que ningún otro tributo pudo superar su belleza y encanto natural. Es alto, musculoso, con la piel de un ligero color bronce, el pelo castaño muy claro y unos increíbles ojos color verde mar que simplemente dejan sin palabras. 
Creo que Maggs ganó los décimo primeros Juegos del Hambre, aunque es difícil saberlo. Es una mujer bastante mayor, así que no se conservan muchas referencias sobre ese período de tiempo que tengan que ver con ella. Fue la mentora de Finnick en sus Juegos, así que supongo que habrán estrechado un lazo muy especial, debido a que ambos han vivido la misma experiencia y salieron vencedores.
-Bueno, ahora que estamos todos -dice Effie. Ya se me había olvidado que seguía allí.-¡vamos a dar comienzo al momento que todos estabais esperando! ¡Es la hora del sorteo!
Creo que voy a vomitar. Debo de estar muy pálida, porque la chica que se encuentra a mi derecha me mira con curiosidad. Nunca me había sentido así. Tan... vulnerable.
Effie Trincket dice lo de siempre: -¡Las damas primero! -Mataría por haber nacido chico ahora mismo. Ya tendrás tiempo de matar cuando estés en la arena, dice una voz dentro de mi cabeza. Intento borrar ese pensamiento inmediatamente. Sin mucho éxito, me temo.
Los dedos índice y pulgar de Effie Trincket revolotean sádicamente por encima de las papeletas durante unos largos segundos. Introduce la mano en la urna y saca un trozo de papel blanco, con un cierre con el símbolo del Capitolio. Se dirige de nuevo hacia el micrófono, y vuelve a perder el equilibrio al llegar, como si derrapara o algo así. Solo que esta vez, no me río.
Que no sea yo. Que no sea yo. Que no sea yo. Que no sea yo. Que no sea yo. Que no sea yo. Que no sea yo. Que no se...

-¡Katherine Bennett! -grita Effie, emocionada.

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