Lo
necesitaba. Un poco de descanso después de un día como el de hoy me
hace mucha falta.
La
verdad es que la habitación es increíble. Acostumbrada a las casas
del Distrito 4, mi nueva habitación es un castillo. No es que
tuviera queja de mi casa, pero supongo que todo el mundo quiere más
de lo que tiene.
Me
tumbo en la cama, aún con la malla puesta. Estoy muy cansada. Y
nerviosa. Empiezo a examinar la habitación: la pared de la izquierda
está ocupada en su totalidad por un gran ventanal con vistas al
Capitolio. Es increíble la cantidad de luz que hay en las calles y
las casas. Nosotros, solo teníamos electricidad por el día. Había
una especie de toque de queda por las noches. A las 23:00, luces
fuera.
A
la derecha, un cuadro con el símbolo del Capitolio, un gran armario
y una puerta. Me levanto de la cama para ver qué hay detrás de la
puerta y, al abrirla, me encuentro con un inmenso cuarto de baño.
Entro, y decido desvestirme y meterme en una especie de ducha enorme
llena de botones, que parece venir de otro planeta.
Cierro
los ojos y me dedico a pulsar a ciegas todos los botones, que
disparan agua, jabón, espuma, e innumerables sustancias de olores
frutales.
Tras
aproximadamente veinte minutos de desconexión, salgo. Me seco
vagamente con una gran toalla naranja y me pongo mi ropa interior y
un pijama morado que alguien había dejado sobre la cama para mí.
El
sonido de mis tripas me recuerda que no he comido nada desde el
desayuno, que ni siquiera me terminé, así que salgo de la
habitación en busca de algo que llevarme a la boca.
Sentados
a la gran mesa en la que se sirvió la cena me encuentro a Finnick y
Maggs, que charlan mientras toman el postre.
-¿Dónde
están Fred y Effie? -pregunto a modo de saludo.
-Fred
se ha ido ya a dormir, y Effie se ha marchado a su casa a preparar
los horarios de mañana -me contesta Finnick. - ¿No has conseguido
coger el sueño?
-No,
la verdad es que tengo hambre y venía a ver si todavía quedaba algo
para comer.
-Oh,
por supuesto, te hemos guardado un poco de pollo asado con pasas y
naranjas caramelizadas -contesta Maggs.
-Genial
-contesto, y me dispongo a sentarme en una de las sillas, pero me
detengo a medio camino.
-Si
preferís que me vaya, puedo llevarme la cena a la habitación, no me
importa -les sugiero.
-Oh,
no, no te preocupes cielo -contesta Maggs.
-¿Puedo
hacerte una pregunta? -le digo.
-Claro
-contesta.
-¿Piensas
esforzarte con Fred o ya le das por muerto antes de empezar?
Los
siguientes dos minutos se vuelven realmente incómodos. Maggs mirando
a Finnick, éste mirando al suelo y yo, mirando al pollo.
Finalmente,
se digna a contestarme:
-Creo
que estás confundiendo un poco las cosas, cariño. Es obvio que,
dada la posibilidad de que un tributo del Distrito 4 saliera vencedor
de estos Juegos, solo uno de los dos sería el afortunado. Y también
comprenderás que, afortunadamente, tú tienes más posibilidades que
él.
-¿Afortunadamente
para quién? -digo, y golpeo fuertemente el tenedor contra el plato,
haciendo un sonido de lo más irritante. -En serio, si lo sabes, me
gustaría saberlo. ¿Afortunadamente para mí? Lo dudo. Yo no soy
como vosotros, estáis hechos de un material distinto al mío. ¡Yo
no podría levantarme por las mañanas pensando en todos lo niños
que he visto morir y en los que, quizás, yo misma he matado, en las
familias que han quedado reducidas a la desesperación por culpa de
este maldito juego macabro del que todos somos culpables! -me he ido
poniendo en pie poco a poco, y he alzado la voz hasta un nivel de
histerismo agudo.
-¿Crees
que a nosotros nos gusta todo esto? -dice, para mi sorpresa, Finnick.
Ahora él también está de pie. Maggs nos observa desde su silla,
con las manos cruzadas sobre sus piernas. -No hables como si fueras
la única que sufre. ¿Te crees que nosotros vivimos nuestras vidas
como si no pasara nada? ¿Crees que lo primero que pienso al
despertarme es en el delicioso desayuno que me espera en mi
maravillosa cocina de mi maravillosa casa? Porque la respuesta es no.
¡Rara es la noche que consigo pegar ojo sin sufrir pesadillas sobre
gente muerta a mi alrededor, niños que suplican por su vida y a los
que yo mismo mato sin inmutarme si quiera! ¡Sus caras han quedado
alojadas en mi mente para siempre! No consigo dormirme si no es con
una botella de licor en la mano, y no te creas que para Maggs es más
fácil. ¡Aunque hayan pasado más de 50 años, es un recuerdo que le
persigue día a día! -dice, gritándome como pocas veces me habían
gritado en mi vida.
-¿Y
cuál es la solución? ¡Tú mismo me estás dando la razón! -le
digo.
-La
solución -empieza, ahora más calmado. Hasta podría decir que tiene
una expresión amable en la cara -es seguir viviendo. Da igual cómo
sea. Tienes que seguir viviendo por todas esas personas a las que
tuviste que dejar atrás. Si Fred muere, no te puedes rendir. Deberás
seguir viviendo cada día del resto de tu vida en honor a él. Ese es
el mayor favor que podrías hacerle.
Todavía
no me convencen sus argumentos, pero estoy demasiado cansada como
para seguir discutiendo. Coloco la silla en su sitio y me meto de
nuevo en mi habitación sin mediar más palabra.
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