jueves, 28 de febrero de 2013

Capítulo 10 (sin errata, lo siento)


Lo necesitaba. Un poco de descanso después de un día como el de hoy me hace mucha falta.
La verdad es que la habitación es increíble. Acostumbrada a las casas del Distrito 4, mi nueva habitación es un castillo. No es que tuviera queja de mi casa, pero supongo que todo el mundo quiere más de lo que tiene.
Me tumbo en la cama, aún con la malla puesta. Estoy muy cansada. Y nerviosa. Empiezo a examinar la habitación: la pared de la izquierda está ocupada en su totalidad por un gran ventanal con vistas al Capitolio. Es increíble la cantidad de luz que hay en las calles y las casas. Nosotros, solo teníamos electricidad por el día. Había una especie de toque de queda por las noches. A las 23:00, luces fuera.
A la derecha, un cuadro con el símbolo del Capitolio, un gran armario y una puerta. Me levanto de la cama para ver qué hay detrás de la puerta y, al abrirla, me encuentro con un inmenso cuarto de baño. Entro, y decido desvestirme y meterme en una especie de ducha enorme llena de botones, que parece venir de otro planeta.
Cierro los ojos y me dedico a pulsar a ciegas todos los botones, que disparan agua, jabón, espuma, e innumerables sustancias de olores frutales.
Tras aproximadamente veinte minutos de desconexión, salgo. Me seco vagamente con una gran toalla naranja y me pongo mi ropa interior y un pijama morado que alguien había dejado sobre la cama para mí.
El sonido de mis tripas me recuerda que no he comido nada desde el desayuno, que ni siquiera me terminé, así que salgo de la habitación en busca de algo que llevarme a la boca.
Sentados a la gran mesa en la que se sirvió la cena me encuentro a Finnick y Maggs, que charlan mientras toman el postre.
-¿Dónde están Fred y Effie? -pregunto a modo de saludo.
-Fred se ha ido ya a dormir, y Effie se ha marchado a su casa a preparar los horarios de mañana -me contesta Finnick. - ¿No has conseguido coger el sueño?
-No, la verdad es que tengo hambre y venía a ver si todavía quedaba algo para comer.
-Oh, por supuesto, te hemos guardado un poco de pollo asado con pasas y naranjas caramelizadas -contesta Maggs.
-Genial -contesto, y me dispongo a sentarme en una de las sillas, pero me detengo a medio camino.
-Si preferís que me vaya, puedo llevarme la cena a la habitación, no me importa -les sugiero.
-Oh, no, no te preocupes cielo -contesta Maggs.
-¿Puedo hacerte una pregunta? -le digo.
-Claro -contesta.
-¿Piensas esforzarte con Fred o ya le das por muerto antes de empezar?
Los siguientes dos minutos se vuelven realmente incómodos. Maggs mirando a Finnick, éste mirando al suelo y yo, mirando al pollo.
Finalmente, se digna a contestarme:
-Creo que estás confundiendo un poco las cosas, cariño. Es obvio que, dada la posibilidad de que un tributo del Distrito 4 saliera vencedor de estos Juegos, solo uno de los dos sería el afortunado. Y también comprenderás que, afortunadamente, tú tienes más posibilidades que él.
-¿Afortunadamente para quién? -digo, y golpeo fuertemente el tenedor contra el plato, haciendo un sonido de lo más irritante. -En serio, si lo sabes, me gustaría saberlo. ¿Afortunadamente para mí? Lo dudo. Yo no soy como vosotros, estáis hechos de un material distinto al mío. ¡Yo no podría levantarme por las mañanas pensando en todos lo niños que he visto morir y en los que, quizás, yo misma he matado, en las familias que han quedado reducidas a la desesperación por culpa de este maldito juego macabro del que todos somos culpables! -me he ido poniendo en pie poco a poco, y he alzado la voz hasta un nivel de histerismo agudo.
-¿Crees que a nosotros nos gusta todo esto? -dice, para mi sorpresa, Finnick. Ahora él también está de pie. Maggs nos observa desde su silla, con las manos cruzadas sobre sus piernas. -No hables como si fueras la única que sufre. ¿Te crees que nosotros vivimos nuestras vidas como si no pasara nada? ¿Crees que lo primero que pienso al despertarme es en el delicioso desayuno que me espera en mi maravillosa cocina de mi maravillosa casa? Porque la respuesta es no. ¡Rara es la noche que consigo pegar ojo sin sufrir pesadillas sobre gente muerta a mi alrededor, niños que suplican por su vida y a los que yo mismo mato sin inmutarme si quiera! ¡Sus caras han quedado alojadas en mi mente para siempre! No consigo dormirme si no es con una botella de licor en la mano, y no te creas que para Maggs es más fácil. ¡Aunque hayan pasado más de 50 años, es un recuerdo que le persigue día a día! -dice, gritándome como pocas veces me habían gritado en mi vida.
-¿Y cuál es la solución? ¡Tú mismo me estás dando la razón! -le digo.
-La solución -empieza, ahora más calmado. Hasta podría decir que tiene una expresión amable en la cara -es seguir viviendo. Da igual cómo sea. Tienes que seguir viviendo por todas esas personas a las que tuviste que dejar atrás. Si Fred muere, no te puedes rendir. Deberás seguir viviendo cada día del resto de tu vida en honor a él. Ese es el mayor favor que podrías hacerle.
Todavía no me convencen sus argumentos, pero estoy demasiado cansada como para seguir discutiendo. Coloco la silla en su sitio y me meto de nuevo en mi habitación sin mediar más palabra. 

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