miércoles, 27 de febrero de 2013

Capítulo 6


Como era de esperar, no he dormido absolutamente nada. Oigo voces en el pasillo, así que me visto y salgo de la habitación/vagón/dondequiera que haya dormido. Atravieso la sala con la mesita de café donde ayer Finnick me hizo esa extraña entrevista.
Llego al vagón-restaurante y solo está Maggs.
-Hola -digo, y empiezo a servirme el desayuno.
-Hola, cielo- contesta.- ¿Qué tal con Finnick? ¿Habéis hecho buenas migas?
-Bueno, todavía no le conozco mucho, pero supongo que de momento no tengo queja -contesto
-Eso está bien. ¿Sabes? Creo que a tu compañero no le gusto demasiado...
-Lo sé – contesto casi sin pensar.
Y esa es la última frase que mediamos hasta que, como caídos del cielo, aparecen Finnick y Fred, que inmediatamente corre a mi lado de nuevo. Es un niño muy callado, pero a la vez muy expresivo. Le saludo tocando su hombro con mi mano y él me devuelve el saludo con una amplia sonrisa. Morirá antes o después, pienso, y no consigo terminarme el desayuno.
-Llegaremos al Capitolio en menos de una hora, así que debéis empezar a mentalizaros de lo que os vais a encontrar allí -nos advierte Finnick.
-Vale. Ilumínanos -le digo.
Sonríe y prosigue: -Para empezar, en cuanto lleguemos a la estación, habrá una marea de gente esperándoos. Son todos ciudadanos del Capitolio, y habrá también cámaras de televisión. Tenéis que ser lo más amables que podáis, ya que este es uno de los momentos cruciales que determinarán el efecto que causéis en la gente,¿entendido?
Me limito a asentir, pero Frederick suelta un “¡Sí!” que me hace reír. Se le ve mucho más animado que ayer. Me pregunto si habrá dormido.
-Muy bien -continua Finnick. -Cuando lleguemos iremos directamente al Centro de Entrenamiento, donde os lavarán, depilarán, peinarán y prepararán para que estéis perfectos cuando vayáis a ver a Portia y a Cinna.
-Después -continúa Maggs, - os harán la prueba de los trajes que Cinna haya diseñado para vosotros y, por la noche, será la presentación de los veinticuatro tributos al Presidente Snow y a toda la audiencia de Panem -parece emocionada solo con decirlo. Debió de disfrutar mucho su estancia en el Capitolio.
-¿Nuestros trajes serán tan patéticos como los de los últimos años? -pregunta Fred algo preocupado. Y con razón, la verdad, porque no es que nuestro distrito destaque mucho por sus artes textiles.
-Bueno, teniendo en cuenta que tendréis como estilistas a Cinna y Portia, que trabajaron para el Distrito 12 el año pasado, no creo que haya de qué preocuparse -le contesta Maggs.
Espero que no nos obliguen a ponernos nada que tenga que ver con el fuego. No tendría mucho sentido, ya que nuestro Distrito no tiene nada que ver con el fuego, pero nunca se sabe...
No entiendo porqué a la gente le fascinan tanto las llamas. Yo prefiero el hielo. El frío es mejor. El agua, mejor fría que caliente. La almohada, mejor fría que caliente. El aire,mejor frío que caliente. Las cosas se hacen mejor en frío. El frío significa paciencia, calma, orden, templanza. El fuego sólo da problemas. Una vez escuché en la tienda de los padres de Matt a una mujer que decía que el amor es como una hoguera. Te quema por dentro pero no puedes alejarte de ella. No sé si alguna vez llegaré a entender a lo que se refería.

El tren se para de pronto, y una oleada de gritos histéricos llega de repente y me asusta, así que mi primer impulso es defenderme detrás de la mesa. Maggs y Finnick me miran divertidos, y Fred simplemente se carcajea de mí.
-Vamos Kate, levántate -me apremia Finnick. -Saluda a tu público.
Y las puertas del tren se abren, dando lugar a una gran masa de gente gritando nuestros nombres. Eso me hace crecerme de manera sobrenatural, algo que me encanta, me da seguridad para afrontar lo que se nos viene encima. Bajamos y saludo a la gente con la mano, como si llevara toda la vida haciéndolo. Me parece oír a Maggs decir “Creo que se adaptará bien” o algo así. Eso espero. Unos Agentes de la Paz nos acompañan hasta un coche enorme, que nos llevará al Centro de Entrenamiento, según dijo Finnick. Solo había ido en coche otras cuatro veces en toda mi vida, y desde luego no se parecía en nada a este.
Al final no va a estar tan mal esto del Capitolio. Sí, pero luego te soltarán en la arena con una cantimplora vacía y un par de cuerdas y tendrás que buscarte la vida, mientras todos los habitantes del Capitolio te miran desde sus televisiones en sus coloridas casas deseando ver correr la sangre, me recuerdo.

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