Como
era de esperar, no he dormido absolutamente nada. Oigo voces en el
pasillo, así que me visto y salgo de la habitación/vagón/dondequiera
que haya dormido. Atravieso la sala con la mesita de café donde ayer
Finnick me hizo esa extraña entrevista.
Llego
al vagón-restaurante y solo está Maggs.
-Hola
-digo, y empiezo a servirme el desayuno.
-Hola,
cielo- contesta.- ¿Qué tal con Finnick? ¿Habéis hecho buenas
migas?
-Bueno,
todavía no le conozco mucho, pero supongo que de momento no tengo
queja -contesto
-Eso
está bien. ¿Sabes? Creo que a tu compañero no le gusto
demasiado...
-Lo
sé – contesto casi sin pensar.
Y
esa es la última frase que mediamos hasta que, como caídos del
cielo, aparecen Finnick y Fred, que inmediatamente corre a mi lado de
nuevo. Es un niño muy callado, pero a la vez muy expresivo. Le
saludo tocando su hombro con mi mano y él me devuelve el saludo con
una amplia sonrisa. Morirá antes o después, pienso, y no
consigo terminarme el desayuno.
-Llegaremos
al Capitolio en menos de una hora, así que debéis empezar a
mentalizaros de lo que os vais a encontrar allí -nos advierte
Finnick.
-Vale.
Ilumínanos -le digo.
Sonríe
y prosigue: -Para empezar, en cuanto lleguemos a la estación, habrá
una marea de gente esperándoos. Son todos ciudadanos del Capitolio,
y habrá también cámaras de televisión. Tenéis que ser lo más
amables que podáis, ya que este es uno de los momentos cruciales que
determinarán el efecto que causéis en la gente,¿entendido?
Me
limito a asentir, pero Frederick suelta un “¡Sí!” que me hace
reír. Se le ve mucho más animado que ayer. Me pregunto si habrá
dormido.
-Muy
bien -continua Finnick. -Cuando lleguemos iremos directamente al
Centro de Entrenamiento, donde os lavarán, depilarán, peinarán y
prepararán para que estéis perfectos cuando vayáis a ver a Portia
y a Cinna.
-Después
-continúa Maggs, - os harán la prueba de los trajes que Cinna haya
diseñado para vosotros y, por la noche, será la presentación de
los veinticuatro tributos al Presidente Snow y a toda la audiencia de
Panem -parece emocionada solo con decirlo. Debió de disfrutar mucho
su estancia en el Capitolio.
-¿Nuestros
trajes serán tan patéticos como los de los últimos años?
-pregunta Fred algo preocupado. Y con razón, la verdad, porque no es
que nuestro distrito destaque mucho por sus artes textiles.
-Bueno,
teniendo en cuenta que tendréis como estilistas a Cinna y Portia,
que trabajaron para el Distrito 12 el año pasado, no creo que haya
de qué preocuparse -le contesta Maggs.
Espero
que no nos obliguen a ponernos nada que tenga que ver con el fuego.
No tendría mucho sentido, ya que nuestro Distrito no tiene nada que
ver con el fuego, pero nunca se sabe...
No
entiendo porqué a la gente le fascinan tanto las llamas. Yo prefiero
el hielo. El frío es mejor. El agua, mejor fría que caliente. La
almohada, mejor fría que caliente. El aire,mejor frío que caliente.
Las cosas se hacen mejor en frío. El frío significa paciencia,
calma, orden, templanza. El fuego sólo da problemas. Una vez escuché
en la tienda de los padres de Matt a una mujer que decía que el amor
es como una hoguera. Te quema por dentro pero no puedes alejarte de
ella. No sé si alguna vez llegaré a entender a lo que se refería.
El
tren se para de pronto, y una oleada de gritos histéricos llega de
repente y me asusta, así que mi primer impulso es defenderme detrás
de la mesa. Maggs y Finnick me miran divertidos, y Fred simplemente
se carcajea de mí.
-Vamos
Kate, levántate -me apremia Finnick. -Saluda a tu público.
Y
las puertas del tren se abren, dando lugar a una gran masa de gente
gritando nuestros nombres. Eso me hace crecerme de manera
sobrenatural, algo que me encanta, me da seguridad para afrontar lo
que se nos viene encima. Bajamos y saludo a la gente con la mano,
como si llevara toda la vida haciéndolo. Me parece oír a Maggs
decir “Creo que se adaptará bien” o algo así. Eso
espero. Unos Agentes de la Paz nos acompañan hasta un coche enorme,
que nos llevará al Centro de Entrenamiento, según dijo Finnick.
Solo había ido en coche otras cuatro veces en toda mi vida, y desde
luego no se parecía en nada a este.
Al
final no va a estar tan mal esto del Capitolio. Sí, pero luego te
soltarán en la arena con una cantimplora vacía y un par de cuerdas
y tendrás que buscarte la vida, mientras todos los habitantes del
Capitolio te miran desde sus televisiones en sus coloridas casas
deseando ver correr la sangre, me recuerdo.
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