jueves, 28 de febrero de 2013

Capítulo 9.


Desde luego, esto va mucha más allá de cualquier expectativa. Había visto esta escena muchas veces en la televisión, cuando retransmitían desde el Capitolio, pero está claro que no es lo mismo verlo, que vivirlo.
Dos enormes muros de gente se levantan a cada lado de la calle. Los focos me ciegan y no puedo ver si quiera donde acaban. Los gritos son ahora mucho más nítidos, y alcanzo a entender palabras sueltas: “mar”, “agua”, “cuatro”, “impresionantes”.
Y lo mejor de todo: escucho mi nombre; ¡seis veces! Ahora no tengo que fingir la sonrisa.
Noto algo raro en Fred, y me giro hacia él para descubrir que está preocupantemente pálido.
-¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal? -le susurro, intentando que nadie lo note.
-Es que creo que voy a vomitar. Esta mierda es peor que un barco -me confiesa, casi llorando.
Vale que no lo conozco mucho, pero me extraña escucharle hablar de esa forma.
-Bueno, no te preocupes. Ya estamos llegando al Centro, estaremos allí en un minuto o dos. Después el Presidente Snow dirá unas palabras y nos podremos ir al Centro de Entrenamiento a descansar, ¿de acuerdo? -intento tranquilizarlo.
-Vale -contesta. -¿Crees que quedará tarta cuando lleguemos?
-Y si no la hay, pediremos que nos hagan una -le digo, dedicándole una sonrisa que nos haría cómplices para siempre.
Él se rie, y me doy cuenta de que la gente se ha fijado en nuestro comportamiento porque parecen aún más excitados que antes. Tengo entendido que la gente del Capitolio es muy sensible con los tributos. Pero no lo suficientemente sensible como para echaros una mano cuando estéis desangrándoos en la arena, pienso, inevitablemente.
El carro se para, señal de que ya hemos llegado al Centro del Capitolio. El Presidente Snow se acerca al micrófono y empieza a leer el discurso que lleva apuntado en una carpeta.
No entiendo lo que dice, porque ahora mismo lo único en lo que puedo pensar, es en Nuka.
Fred ha hecho que me acuerde de él. Recuerdo los días de verano, cuando no teníamos nada que hacer y nos pasábamos el día paseando, jugando o cantando. Mi madre siempre me preguntaba si no prefería ir con mis compañeros de colegio, o algo así, pero para mí mi hermano era el mejor pasatiempo. Incluso a mis dieciocho años, daría lo que fuera por pasar las que probablemente sean las últimas semanas de mi vida, tumbada en la hierba con él a mi lado buscándoles formas a las nubes. Ojalá tuviera lugar un milagro ahora mismo, y pudiera estar un rato más con él. O quizá el milagro fue poder tenerlo en mis brazos todas las noches hasta que fuera la hora de dormir. Él ha sido los mejores 7 años de mi vida.

Fred me aprieta la mano y yo vuelvo a mi triste realidad. Veo mi cara proyectada en una de las pantallas, así que levanto de nuevo la cabeza e intento parecer interesada en el discurso.
Cuando por fin acaba, los mentores se acercan a sus respectivos alumnos para llevárselos al Centro de Entrenamiento, y no tardamos en ver a Finnick y Mags caminando hacia nosotros.
-¡Habéis estado increíbles! -nos felicita Mags. -Hemos escuchado muchos cumplidos hacia vosotros. Creo que lo tendremos fácil con los patrocinadores.
-Si, chicos, os doy mi enhorabuena -dice Finnick. -Por cierto, Fred, ¿qué te pasó en medio del desfile? Te vimos en una de las pantallas y tenías muy mala cara.
-Nada, supongo que no estoy acostumbrado a todas estas cosas. Me mareé un poco por el movimiento del carro. No vomité gracias a Kate -dice, y se rie.
-Sí, bueno, la verdad es que yo tampoco estaba en las mejores condiciones. Es raro ver a tantos desconocidos gritándote como posesos.
-Sí, lo sé. Creo que nunca llegaré a entender su comportamiento -confiesa Finnick.
-Bueno -dice Mags, -creo que deberíamos ir ya al Centro para que descanséis, mañana tendréis que estar frescos para el primer día de entrenamiento.
La actitud de abuela que Maggs tiene con nosotros me recuerda a mi abuela Patty, que nos dejó hace dos años, y me hace sonreír. Me pregunto como hubiera sido para ella enterarse de que su nieta está condenada a una muerte inminente.
Ambos asentimos y nos dirigimos al coche que nos espera, pero Finnick me detiene:
-¿Podemos hablar un momento? -me dice.
Nos separamos del resto y nos dirigimos a una zona más apartada.
-¿Qué pasa? -pregunto, algo preocupada por si he hecho algo mal.
-Verás, me gustaría darte unas... indicaciones personales antes de mañana.
-Vale, adelante -le digo, más extrañada que interesada.
-Supongo que sabes que mañana en el entrenamiento estaréis con el resto de tributos de los otros distritos, ¿verdad?
-Sí -me limito a contestar. Todavía no entiendo nada.
-Bueno, pues creo que sería una muy buena estrategia si intentaras aliarte con el grupo de los profesionales. Tengo entendido que los tributos profesionales de este año están más preparados que nunca, ya que el hecho de perder el año pasado no les sentó demasiado bien.
-¿Y cómo lo hago? Yo no tengo ninguna habilidad que ofrecerles...
-Sí lo tienes. Engáñales. Juega con sus mentes. Hazles creer que eres una “buena inversión” para ellos. Que pagarán un alto precio si no te aceptan. No creo que el primer contacto con ellos te resulte difícil. Ya sabes, teniendo en cuenta tus ojos.
-¿Qué? -esta última parte me ha dejado bastante descolocada.
-Bueno, creo que no te digo nada nuevo si te recuerdo que tienes unos ojos que no se ven todos los días.
-¿¡Qué!? En toda mi vida es la primera vez que alguien que no sean mis padres hace un cumplido sobre mis ojos -contesto. Esto no es del todo cierto, ya que Matt lo hizo hace escasas veinticuatro horas.
-Quizás los demás no se atrevían. No es fácil piropear a alguien que va por la vida con esa cara de mal humor -me suelta, y se ríe.
-No creo que sea para tanto. Quiero decir, casi todos los de nuestro Distrito tenemos los ojos azules y grandes, tú también los tienes. No veo la diferencia.
-Vaya, realmente tienes ni idea... -dice, algo sorprendido.
-No entiendo nada. ¿No tengo idea de qué?
-No es por el color ni el tamaño de tus ojos. Es la mirada. Hipnotizas, esa es la palabra.
Noto la sangre subiendo hasta mis mejillas. Me estoy poniendo roja como un tomate.
-Ah... -me limito a contestar.
Él hace una pequeña pausa, y continúa.
-Pues bien, ese “talento” tuyo, es bastante útil en este caso, ya que no creo que sean capaces de resistirse a ti.
-Así que ¿ese será el cebo? ¿Que primero se fijen en mi por el exterior y después se den cuenta de que tengo un cerebro útil?
-Exacto, lo has entendido.
-No me convence mucho, pero supongo que tú mandas. Y ¿qué tengo que hacer? ¿Flirtear, o algo así?
-Más o menos. Llama su atención, entretenles, haz que confíen en tí. Esa es tu mejor estrategia.
-Y cuando estemos en la Arena, ¿qué hago? ¿Me escondo detrás de ellos? Yo no sé defenderme.
-Puede que no sepas defenderte, pero nos aseguraremos de que alguien lo haga por ti. El líder de los profesionales de este año es del Distrito 2, se llama Cato y tiene toda la pinta de dejarse engatusar. Ese será tu objetivo. Si consigues que te defienda, saldrás ilesa del Baño de Sangre.
-Y ¿cómo haré que me defienda? No puedo pedirle que me proteja con su vida, en algún momento tendremos que enfrentarnos -le recuerdo.
-Haréis un trato. Una especie de intercambio. Tu inteligencia y agradable compañía a cambio de su fuerza.
-¡Pero eso es casi prostitución! -suelto, intentando parecer escandalizada. Sé que estoy exagerando las cosas.
-Si quieres verlo así... Yo lo llamaría ser emprendedora. De todas maneras, tienes que aprovechar al máximo los cuatro días de entrenamiento e intentar especializarte en, como mínimo, dos técnicas de lucha y otras dos de supervivencia. Cuando consideres que ya supone un peligro para tí, tendrás que arreglártelas para huir sin ser vista.
-Vale, creo que ya lo tengo todo más claro. Pero hay un problema. ¿Que papel tiene Fred en todo esto? Le prometí a su padre que intentaría protegerlo.
Los ojos desesperados del padre de Fred vienen a mi mente. No puedo dejarlo tirado.
-Bueno, eso ya es más complicado. No podemos intentar mezclarlo con los profesionales, porque para ellos no es más que una carga innecesaria y un blanco fácil. Mi sugerencia es que cuando suene la alarma para que corráis hacia la Cornucopia en el Baño de Sangre, él corra hacia el bosque o la selva o lo que sea que hayan preparado este año. Su misión será esconderse. Aquí es donde entras tú. Cada vez que tengas vía libre con los profesionales para escaparte durante un rato sin que se den cuenta, busca a Fred y llévale lo justo para sobrevivir. Es arriesgado, pero si se tiene cuidado, no es imposible.
-Vale, creo que podré conseguirlo -le digo.
La voz de Mags interrumpe nuestra tertulia.
-¿Pero qué hacéis? Llevamos más de media hora esperándoos, ¡ya se ha ido todo el mundo!
-Lo siento -dice Finnick, con un tono insoportablemente encantador en su voz. Se acerca a ella y pasa su brazo por encima de sus hombros.
Empiezan a caminar hacia el coche y yo camino detrás de ellos.
Me siento algo decepcionada con Mags. Siendo la mentora de Fred, ¿no debería intentar luchar por él? ¿Idear algún tipo de estrategia para tratar de que viva el mayor tiempo posible? Aunque quizá lo haya hecho y no me lo han dicho... Se me olvidaba que, aunque seamos del mismo Distrito, en la Arena seremos enemigos. Un fuerte escalofrío me recorre la espalda.

Llegamos al Centro de Entrenamiento, donde Effie, escandalizada por faltarle al respeto a su elaborado horario, nos indica que subamos a nuestra habitación. Los cinco nos metemos en un gran ascensor, que nos lleva directamente al piso número cuatro, el nuestro. Cuando se abre la puerta,nos encontramos en una especie de casa futurista, con extrañas figuras sin sentido a modo de adornos, colores chillones por doquier (no me esperaba menos), una amplia mesa repleta de comida y, a la izquiera de ésta, un enorme sofá de pelo negro rodea una mesa con un gran televisor. En la pared del fondo de la estancia hay cuatro puertas. En la primera se lee el nombre de Mags Sanders y, en la de al lado, Finnick Odair. En la siguiente, Frederick Humpfrey, y en la tercera y última mi nombre, Katherine Bennett.
-Bueno, queridos, supongo que estaréis hambrientos, así que procedamos a tomar esta deliciosa cena que nos han preparado -dice Effie, con su inconfundible acento del Capitolio.
-Yo no -digo.- Estoy muy cansada, así que si me disculpáis, me voy a dormir.
-No te preocupes -me dice Finnick -Hoy ha sido un día con muchas emociones y os vendrá bien descansar.
Me acerco a Fred y acaricio su espalda con mi mano derecha, me despido con la mano de Finnick y Mags antes de girarme hacia Effie, que me acompaña hasta mi puerta.
-Buenas noches,corazón -me suelta con una amplia sonrisa.
-Gracias-le contesto, y cierro la puerta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario