Desde
luego, esto va mucha más allá de cualquier expectativa. Había
visto esta escena muchas veces en la televisión, cuando
retransmitían desde el Capitolio, pero está claro que no es lo
mismo verlo, que vivirlo.
Dos
enormes muros de gente se levantan a cada lado de la calle. Los focos
me ciegan y no puedo ver si quiera donde acaban. Los gritos son ahora
mucho más nítidos, y alcanzo a entender palabras sueltas: “mar”,
“agua”, “cuatro”, “impresionantes”.
Y
lo mejor de todo: escucho mi nombre; ¡seis veces! Ahora no tengo que
fingir la sonrisa.
Noto
algo raro en Fred, y me giro hacia él para descubrir que está
preocupantemente pálido.
-¿Qué
te pasa? ¿Te encuentras mal? -le susurro, intentando que nadie lo
note.
-Es
que creo que voy a vomitar. Esta mierda es peor que un barco -me
confiesa, casi llorando.
Vale
que no lo conozco mucho, pero me extraña escucharle hablar de esa
forma.
-Bueno,
no te preocupes. Ya estamos llegando al Centro, estaremos allí en un
minuto o dos. Después el Presidente Snow dirá unas palabras y nos
podremos ir al Centro de Entrenamiento a descansar, ¿de acuerdo?
-intento tranquilizarlo.
-Vale
-contesta. -¿Crees que quedará tarta cuando lleguemos?
-Y
si no la hay, pediremos que nos hagan una -le digo, dedicándole una
sonrisa que nos haría cómplices para siempre.
Él
se rie, y me doy cuenta de que la gente se ha fijado en nuestro
comportamiento porque parecen aún más excitados que antes. Tengo
entendido que la gente del Capitolio es muy sensible con los
tributos. Pero no lo suficientemente sensible como para echaros
una mano cuando estéis desangrándoos en la arena, pienso,
inevitablemente.
El
carro se para, señal de que ya hemos llegado al Centro del
Capitolio. El Presidente Snow se acerca al micrófono y empieza a
leer el discurso que lleva apuntado en una carpeta.
No
entiendo lo que dice, porque ahora mismo lo único en lo que puedo
pensar, es en Nuka.
Fred
ha hecho que me acuerde de él. Recuerdo los días de verano, cuando
no teníamos nada que hacer y nos pasábamos el día paseando,
jugando o cantando. Mi madre siempre me preguntaba si no prefería ir
con mis compañeros de colegio, o algo así, pero para mí mi hermano
era el mejor pasatiempo. Incluso a mis dieciocho años, daría lo que
fuera por pasar las que probablemente sean las últimas semanas de mi
vida, tumbada en la hierba con él a mi lado buscándoles formas a
las nubes. Ojalá tuviera lugar un milagro ahora mismo, y pudiera
estar un rato más con él. O quizá el milagro fue poder tenerlo en
mis brazos todas las noches hasta que fuera la hora de dormir. Él ha
sido los mejores 7 años de mi vida.
Fred
me aprieta la mano y yo vuelvo a mi triste realidad. Veo mi cara
proyectada en una de las pantallas, así que levanto de nuevo la
cabeza e intento parecer interesada en el discurso.
Cuando
por fin acaba, los mentores se acercan a sus respectivos alumnos para
llevárselos al Centro de Entrenamiento, y no tardamos en ver a
Finnick y Mags caminando hacia nosotros.
-¡Habéis
estado increíbles! -nos felicita Mags. -Hemos escuchado muchos
cumplidos hacia vosotros. Creo que lo tendremos fácil con los
patrocinadores.
-Si,
chicos, os doy mi enhorabuena -dice Finnick. -Por cierto, Fred, ¿qué
te pasó en medio del desfile? Te vimos en una de las pantallas y
tenías muy mala cara.
-Nada,
supongo que no estoy acostumbrado a todas estas cosas. Me mareé un
poco por el movimiento del carro. No vomité gracias a Kate -dice, y
se rie.
-Sí,
bueno, la verdad es que yo tampoco estaba en las mejores condiciones.
Es raro ver a tantos desconocidos gritándote como posesos.
-Sí,
lo sé. Creo que nunca llegaré a entender su comportamiento
-confiesa Finnick.
-Bueno
-dice Mags, -creo que deberíamos ir ya al Centro para que
descanséis, mañana tendréis que estar frescos para el primer día
de entrenamiento.
La
actitud de abuela que Maggs tiene con nosotros me recuerda a mi
abuela Patty, que nos dejó hace dos años, y me hace sonreír. Me
pregunto como hubiera sido para ella enterarse de que su nieta está
condenada a una muerte inminente.
Ambos
asentimos y nos dirigimos al coche que nos espera, pero Finnick me
detiene:
-¿Podemos
hablar un momento? -me dice.
Nos
separamos del resto y nos dirigimos a una zona más apartada.
-¿Qué
pasa? -pregunto, algo preocupada por si he hecho algo mal.
-Verás,
me gustaría darte unas... indicaciones personales antes de mañana.
-Vale,
adelante -le digo, más extrañada que interesada.
-Supongo
que sabes que mañana en el entrenamiento estaréis con el resto de
tributos de los otros distritos, ¿verdad?
-Sí
-me limito a contestar. Todavía no entiendo nada.
-Bueno,
pues creo que sería una muy buena estrategia si intentaras aliarte
con el grupo de los profesionales. Tengo entendido que los tributos
profesionales de este año están más preparados que nunca, ya que
el hecho de perder el año pasado no les sentó demasiado bien.
-¿Y
cómo lo hago? Yo no tengo ninguna habilidad que ofrecerles...
-Sí
lo tienes. Engáñales. Juega con sus mentes. Hazles creer que eres
una “buena inversión” para ellos. Que pagarán un alto precio si
no te aceptan. No creo que el primer contacto con ellos te resulte
difícil. Ya sabes, teniendo en cuenta tus ojos.
-¿Qué?
-esta última parte me ha dejado bastante descolocada.
-Bueno,
creo que no te digo nada nuevo si te recuerdo que tienes unos ojos
que no se ven todos los días.
-¿¡Qué!?
En toda mi vida es la primera vez que alguien que no sean mis padres
hace un cumplido sobre mis ojos -contesto. Esto no es del todo
cierto, ya que Matt lo hizo hace escasas veinticuatro horas.
-Quizás
los demás no se atrevían. No es fácil piropear a alguien que va
por la vida con esa cara de mal humor -me suelta, y se ríe.
-No
creo que sea para tanto. Quiero decir, casi todos los de nuestro
Distrito tenemos los ojos azules y grandes, tú también los tienes.
No veo la diferencia.
-Vaya,
realmente tienes ni idea... -dice, algo
sorprendido.
-No
entiendo nada. ¿No tengo idea de qué?
-No
es por el color ni el tamaño de tus ojos. Es la mirada. Hipnotizas,
esa es la palabra.
Noto
la sangre subiendo hasta mis mejillas. Me estoy poniendo roja como un
tomate.
-Ah...
-me limito a contestar.
Él hace una pequeña pausa, y continúa.
-Pues
bien, ese “talento” tuyo, es bastante útil en este caso, ya que
no creo que sean capaces de resistirse a ti.
-Así
que ¿ese será el cebo? ¿Que primero se fijen en mi por el exterior
y después se den cuenta de que tengo un cerebro útil?
-Exacto,
lo has entendido.
-No
me convence mucho, pero supongo que tú mandas. Y ¿qué tengo que
hacer? ¿Flirtear, o algo así?
-Más
o menos. Llama su atención, entretenles, haz que confíen en tí.
Esa es tu mejor estrategia.
-Y
cuando estemos en la Arena, ¿qué hago? ¿Me escondo detrás de
ellos? Yo no sé defenderme.
-Puede
que no sepas defenderte, pero nos aseguraremos de que alguien lo haga
por ti. El líder de los profesionales de este año es del Distrito
2, se llama Cato y tiene toda la pinta de dejarse engatusar. Ese será
tu objetivo. Si consigues que te defienda, saldrás ilesa del Baño
de Sangre.
-Y
¿cómo haré que me defienda? No puedo pedirle que me proteja con su
vida, en algún momento tendremos que enfrentarnos -le recuerdo.
-Haréis
un trato. Una especie de intercambio. Tu inteligencia y agradable
compañía a cambio de su fuerza.
-¡Pero
eso es casi prostitución! -suelto, intentando parecer escandalizada.
Sé que estoy exagerando las cosas.
-Si
quieres verlo así... Yo lo llamaría ser emprendedora. De todas
maneras, tienes que aprovechar al máximo los cuatro días de
entrenamiento e intentar especializarte en, como mínimo, dos
técnicas de lucha y otras dos de supervivencia. Cuando consideres
que ya supone un peligro para tí, tendrás que arreglártelas para
huir sin ser vista.
-Vale,
creo que ya lo tengo todo más claro. Pero hay un problema. ¿Que
papel tiene Fred en todo esto? Le prometí a su padre que intentaría
protegerlo.
Los
ojos desesperados del padre de Fred vienen a mi mente. No puedo
dejarlo tirado.
-Bueno,
eso ya es más complicado. No podemos intentar mezclarlo con los
profesionales, porque para ellos no es más que una carga innecesaria
y un blanco fácil. Mi sugerencia es que cuando suene la alarma para
que corráis hacia la Cornucopia en el Baño de Sangre, él corra
hacia el bosque o la selva o lo que sea que hayan preparado este año.
Su misión será esconderse. Aquí es donde entras tú. Cada vez que
tengas vía libre con los profesionales para escaparte durante un
rato sin que se den cuenta, busca a Fred y llévale lo justo para
sobrevivir. Es arriesgado, pero si se tiene cuidado, no es imposible.
-Vale,
creo que podré conseguirlo -le digo.
La
voz de Mags interrumpe nuestra tertulia.
-¿Pero
qué hacéis? Llevamos más de media hora esperándoos, ¡ya se ha
ido todo el mundo!
-Lo
siento -dice Finnick, con un tono insoportablemente encantador en su
voz. Se acerca a ella y pasa su brazo por encima de sus hombros.
Empiezan
a caminar hacia el coche y yo camino detrás de ellos.
Me
siento algo decepcionada con Mags. Siendo la mentora de Fred, ¿no
debería intentar luchar por él? ¿Idear algún tipo de estrategia
para tratar de que viva el mayor tiempo posible? Aunque quizá lo
haya hecho y no me lo han dicho... Se me olvidaba que, aunque seamos
del mismo Distrito, en la Arena seremos enemigos. Un fuerte
escalofrío me recorre la espalda.
Llegamos
al Centro de Entrenamiento, donde Effie, escandalizada por faltarle
al respeto a su elaborado horario, nos indica que subamos a nuestra
habitación. Los cinco nos metemos en un gran ascensor, que nos lleva
directamente al piso número cuatro, el nuestro. Cuando se abre la
puerta,nos encontramos en una especie de casa futurista, con extrañas
figuras sin sentido a modo de adornos, colores chillones por doquier
(no me esperaba menos), una amplia mesa repleta de comida y, a la
izquiera de ésta, un enorme sofá de pelo negro rodea una mesa con
un gran televisor. En la pared del fondo de la estancia hay cuatro
puertas. En la primera se lee el nombre de Mags Sanders y, en la de
al lado, Finnick Odair. En la siguiente, Frederick Humpfrey, y en la
tercera y última mi nombre, Katherine Bennett.
-Bueno,
queridos, supongo que estaréis hambrientos, así que procedamos a
tomar esta deliciosa cena que nos han preparado -dice Effie, con su
inconfundible acento del Capitolio.
-Yo
no -digo.- Estoy muy cansada, así que si me disculpáis, me voy a
dormir.
-No
te preocupes -me dice Finnick -Hoy ha sido un día con muchas
emociones y os vendrá bien descansar.
Me
acerco a Fred y acaricio su espalda con mi mano derecha, me despido
con la mano de Finnick y Mags antes de girarme hacia Effie, que me
acompaña hasta mi puerta.
-Buenas
noches,corazón -me suelta con una amplia sonrisa.
-Gracias-le
contesto, y cierro la puerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario