Para
cuando nos damos cuenta, el coche se para y dos hombres vestidos con
trajes amarillo chillón abren ambas puertas para dejarnos salir.
Otra
vez los gritos, esta vez mucho más fuertes que antes, y el himno del
Capitolio a todo volumen son la banda sonora que nos acompaña hasta
que localizamos las caras de Finnick y Maggs, que parecían estar
buscándonos también.
-Por
fin os encontramos, solo faltan diez minutos para que empiece el
desfile, tenéis que colocaros en vuestra posición, ¡vamos! -nos
dice Maggs, mientras ella y Finnick nos empujan hacia un carro tirado
por dos preciosos caballos negros.
-Ya
sabéis como funcionan los trajes, ¿verdad? -pregunta Finnick.
-Sí,
Portia y Cinna nos lo han explicado todo -contesta Frederick.
-Bien.
Ahora os daremos un par de consejos. Intentad sonreír lo máximo que
podáis, la gente tiene que creer que os sentís afortunados de haber
sido elegidos como representantes de nuestro distrito -explica Maggs.
-Estaría bien que mostrarais algo de interacción entre ambos. Creo
que quedaría muy tierno si Kate pasara su brazo por encima de los
hombros de Fred mientras ambos saludan, ¿no te parece, Finnick?
-sugiere ella, dirigiéndose ahora hacia mi mentor. Otra vez está
mirándome fijamente.
¿Qué
le pasa conmigo?, me pregunto a
mi misma.
-Oh,
sí, claro. Perfecto – contesta él.
-Bien
-responde Maggs, mirándola extrañado.
Creo
que me preocupa que Finnick me mire tanto. Quizá me haya cogido algo
de cariño y le de pena pensar que en unos... ¿siete? ¿ocho, tal
vez? Puede que ni en cuatro días, esté muerta.
La
cabeza me empieza a doler otra vez, como cuando subí al escenario el
día de la cosecha.
-Ya
es la hora -nos avisa Finnick, y nos desea suerte a ambos.
Maggs
se despide con una sonrisa que refleja compasión.
Un
golpe sordo se oye y me doy cuenta de que ya hay movimiento en la
fila de tributos. Nosotros, al ser del Distrito 4, vamos en cuarto
lugar.
Pasan
un par de minutos, y al empezar a moverse el carro del Distrito 3, me
preparo para, sin duda, uno de los momentos que harán que la gente
me recuerde, o que sea un tributo más por el que ni siquiera
interesarse.
Los
caballos comienzan a andar sin que nosotros hagamos nada. Como Maggs
dijo, abrazo por los hombros a Fred y miro hacia delante, con la
cabeza alta y la mejor de mis sonrisas.
Entonces,
ambos nos miramos y pulsamos los botones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario