jueves, 28 de febrero de 2013

Capítulo 8


Para cuando nos damos cuenta, el coche se para y dos hombres vestidos con trajes amarillo chillón abren ambas puertas para dejarnos salir.
Otra vez los gritos, esta vez mucho más fuertes que antes, y el himno del Capitolio a todo volumen son la banda sonora que nos acompaña hasta que localizamos las caras de Finnick y Maggs, que parecían estar buscándonos también.
-Por fin os encontramos, solo faltan diez minutos para que empiece el desfile, tenéis que colocaros en vuestra posición, ¡vamos! -nos dice Maggs, mientras ella y Finnick nos empujan hacia un carro tirado por dos preciosos caballos negros.
-Ya sabéis como funcionan los trajes, ¿verdad? -pregunta Finnick.
-Sí, Portia y Cinna nos lo han explicado todo -contesta Frederick.
-Bien. Ahora os daremos un par de consejos. Intentad sonreír lo máximo que podáis, la gente tiene que creer que os sentís afortunados de haber sido elegidos como representantes de nuestro distrito -explica Maggs. -Estaría bien que mostrarais algo de interacción entre ambos. Creo que quedaría muy tierno si Kate pasara su brazo por encima de los hombros de Fred mientras ambos saludan, ¿no te parece, Finnick? -sugiere ella, dirigiéndose ahora hacia mi mentor. Otra vez está mirándome fijamente.
¿Qué le pasa conmigo?, me pregunto a mi misma.
-Oh, sí, claro. Perfecto – contesta él.
-Bien -responde Maggs, mirándola extrañado.
Creo que me preocupa que Finnick me mire tanto. Quizá me haya cogido algo de cariño y le de pena pensar que en unos... ¿siete? ¿ocho, tal vez? Puede que ni en cuatro días, esté muerta.
La cabeza me empieza a doler otra vez, como cuando subí al escenario el día de la cosecha.
-Ya es la hora -nos avisa Finnick, y nos desea suerte a ambos.
Maggs se despide con una sonrisa que refleja compasión.
Un golpe sordo se oye y me doy cuenta de que ya hay movimiento en la fila de tributos. Nosotros, al ser del Distrito 4, vamos en cuarto lugar.
Pasan un par de minutos, y al empezar a moverse el carro del Distrito 3, me preparo para, sin duda, uno de los momentos que harán que la gente me recuerde, o que sea un tributo más por el que ni siquiera interesarse.
Los caballos comienzan a andar sin que nosotros hagamos nada. Como Maggs dijo, abrazo por los hombros a Fred y miro hacia delante, con la cabeza alta y la mejor de mis sonrisas.
Entonces, ambos nos miramos y pulsamos los botones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario