martes, 26 de febrero de 2013

Capítulo 5


Ahora nos llevan a la estación, donde cogeremos un tren que nos llevará al Capitolio. Nunca había viajado en tren, y podría decir con seguridad que Frederick tampoco. Para cuando me doy cuenta, está pegado a mí. Debe estar muy asustado.
-No te preocupes, Frederick, todo va a salir bien, ¿de acuerdo? -intento parecer convincente.
-Yo solo quiero volver a casa con mi familia -contesta.
-Volverás, no te preocupes.
Creo que nota la mentira en mis ojos. Nunca se me ha dado bien mentir, y creo que debería aprender si quiero aliarme con el grupo de los profesionales y hacerles creer que valgo la pena. Los profesionales son los tributos de los Distritos 1 y 2, y se les llama así porque entrenan para los juegos desde que aprenden a andar, a pesar de que es ilegal. Cuando cumplen dieciocho años se presentan voluntarios, y para entonces suelen ser bastante letales. Tanto que la mayoría de los años, siempre gana alguno de ellos. Después de lo de Finnick, se empezó a considerar al Distrito 4 como un distrito profesional, pero ya no.
Al entrar en el tren, siento como si entráramos en una dimensión completamente distinta. Todo es demasiado colorido, tanto que hace daño a la vista. Sofás de un verde lima bastante chillón a lo largo de todo el vagón, apoyados contra las paredes empapeladas de un púrpura enfermizo. Las alfombras parecen de piel de algún animal, aunque no sabría decir cuál es. Grandes lámparas cuelgan de los techos, y la mayor parte del espacio está ocupado por mesas repletas de comida. Frederick se separa de mi lado rápidamente y se lanza a probarlo todo. Me lo pienso unos minutos, pero finalmente decido acompañarle. Entonces aparece la dichosa Effie, dando grititos a cada bocado que nos metemos en la boca, como escandalizada o algo así.
-¿Es que no os han enseñado modales, jovencitos? - y nos golpea en las manos haciendo que se nos caiga la comida al suelo.
Mis ganas de estamparle un trozo de esa gelatina naranja en la cara son supremas. Odio que me molesten mientras como. Pero entonces recuerdo a mi padre: Sé humilde, que nos conocemos.
Me guardo las ganas para otro momento y le dedico la mejor sonrisa que me sale en el momento, la cual creo que es bastante convincente, ya que me devuelve otra gran sonrisa y nos pide que tomemos asiento en uno de los sofás.
Frederick se sienta pegado a mí. Creo que está intentando aferrarse a todo lo que tenga que ver con el Distrito 4. ¿Sabrá que su padre habló conmigo?
-¿Nerviosos por conocer mejor a vuestros mentores, chicos? -Effie interrumpe mis pensamientos.
-No. -contesto.
Frederick no dice nada. Se limita a mirarme, como analizándome. Creo que intenta averiguar si puede confiar en mí.
Se oye el ruido de una puerta abriéndose.
-¡Oh, aquí estáis, por fin! ¡Son la cosa más sosa que he visto en años! -comenta Effie a nuestros mentores, quejándose.
-¿Qué quieres? ¿Que salten? - dice Finnick. -Ya sabes como son las cosas Effie, entiende que ellos no lo vean todo desde tu perspectiva -dice, y le lanza una sonrisa aduladora que deja a Effie paralizada durante unos segundos.
Maggs y Finnick se sientan en un sofá idéntico al nuestro situado justo enfrente.
Ella me mira fijamente, algo que hace que me sienta incómoda y aparte la vista varias veces. Él se limita a pedir al camarero cuatro tés, y le sugiere a Effie que vaya a ver si está todo listo para cuando lleguemos al Capitolio, algo que parece hacerle mucha ilusión, ya que se marcha casi corriendo y canturreando.
-No me gusta ella -me susurra Fred cuando nuestros mentores no miran.
-No te preocupes, seguro que te tocará a tí con Finnick -le contesto, intentando parecer convincente. La verdad es que Maggs no inspira mucha... eficacia.
Tras un par de minutos de incómodo silencio, Finnick decide romper el hielo:
-Bueno chicos, creo que deberíamos ponernos ya en marcha, no hay tiempo que perder. Katherine, tú vendrás conmigo y, Frederick, irás con Maggs.
Noto como Fred se tensa a mi lado. No podía empezar con peor pie.
Finnick y Maggs se levantan, y éste me hace un gesto para que yo también me levante. Inmediatamente, Maggs ocupa mi sitio en el sofá al lado de Fred.
No puedo ver qué pasa después, porque Finnick me lleva a un vagón nuevo. Es mucho más relajante que el otro, por los colores. Predominan el marrón y el blanco. Me gusta. Hay mucho espacio libre, solo está ocupado el centro con una mesita de café y cuatro butacas alrededor. Parecen cómodas, así que me acerco a ellas.
-Oh, no, no te sientes aún – me pide, y me pongo derecha otra vez.
Se pasa los siguientes diez minutos dando vueltas a mi alrededor, mirándome, examinándome. Está empezando a molestarme, pero me contengo.
-Eres muy alta -dice, finalmente.
-Sí -me limito a contestar.
-Y estás en buena forma. ¿Haces algún deporte? - me pregunta, curioso.
-No... pero solía hacerlo cuando era algo mayor que Fred. También me encantaban las carreras, saltar obstáculos y cosas así...Todavía recuerdo cómo escalar. -le digo.
-Entiendo. Bueno, eso es una ventaja a la hora de subirte a los árboles y correr si algo o alguien te persigue -contesta.
-O si les persigo yo a ellos -digo. No me gusta cuando la gente da las cosas por sentadas.
-O si les persigues tú a ellos, eso es -contesta, con una sonrisa. -Tienes una buena actitud, Kate. Puedo llamarte Kate, ¿verdad?
-Claro -le digo.
-Supongo que serás una nadadora profesional, ¿no es así?
-Bueno, la respuesta es bastante obvia. Todo el mundo es nadador profesional en nuestro distrito -contesto.
-Yo no. No se lo digas a nadie pero, aunque parezca increíble, nunca he sido muy simpatizante del agua. De hecho, tuve bastante suerte de que la Arena de mis Juegos fuera una gran montaña rocosa.
-Sí, supongo que fue una suerte... pero no es mi caso, así que... -le contesto, intentando no parecer del todo indiferente, aunque en realidad no me importe lo más mínimo si le gusta el agua o si su color favorito es el amarillo.
-Me gustas, ¿sabes? Tienes iniciativa. Y eso es un factor clave.
-Sí, supongo que sí.
-Bien. Pues tenemos que intentar que esta actitud se mantenga hasta que solo quedes tú en la arena, ¿de acuerdo?
-Vale -contesto. Eso me da a entender que ya está descartando a Fred como posible ganador.
-Bien. Veo que estás cansada, así que será mejor que te vayas a descansar. Mañana será un día duro. Intenta dormir todo lo que puedas.
-Vale -digo de nuevo.
-Llamaré a Effie para que te indique donde está cada cosa -dice, y se va.
Entonces Effie aparece como un rayo por la puerta y empieza a hablar de cosas sin ningún sentido para mí: que si el horario pone tal cosa, que si le das a este botón aparece un sirviente que te traerá lo que quieras -la palabra sirviente me chirría – que si mi ropa está no sé en donde...
Para cuando me doy cuenta, estoy en una habitación. Ni siquiera me fijo en los detalles, solo en la cama situada justo en el medio. Estoy tan cansada que simplemente me quito el vestido y desaparezco entre las mantas. Mañana será otro día.

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