Dos
o tres pares de brazos me levantan del suelo. Creo que me he
desmayado. Son Agentes de la Paz, algo así como la policía del
Capitolio y ahora mismo me están dirigiendo hacia el escenario.
Busco a Matt en el bando de los chicos, y lo encuentro mirándome con
cara de pánico. Me sueltan justo al llegar a las escaleras, pero me
fallan las piernas y me tienen que sujetar de nuevo. Cuando llego
arriba, todo está muy borroso. Veo la blanca y terrorífica sonrisa
de Effie dirigiéndose hacia mí, agarrándome de la mano y
llevándome hacia el centro del escenario. Al pasar por delante de
los mentores, creo escuchar a Finnick Odair decirme algo, pero no
llego a entender lo que es. Entonces Effie me coloca mirando hacia la
plaza y me enfrento a todos esos ojos. Algunos reflejan alivio. La
inmensa mayoría, lástima. Si antes creía que me dolía la cabeza,
es que mi umbral del dolor está mucho más por debajo de lo que yo
pensaba. Siento como si me estuvieran clavando cuchillos en las
sienes, sin parar.
Effie
me suelta y me tambaleo, pero me mantengo en pie.
-¿Alguna
voluntaria para participar en lugar de Katherine? -pregunta Effie.
De
nuevo, silencio. Pero no es el mismo silencio de antes. Está cargado
de cobarde compasión.
Busco
con la mirada a mi familia inconscientemente, pero todavía veo
borroso y no alcanzo a verlos. Es
mejor así, me
digo a mi misma.
La
voz de Effie me devuelve a la realidad de la situación.
-¡Y
ahora, los caballeros! ¿Quién será el elegido este año?
¿Tendremos quizá otro trágico romance, como ocurrió el año
pasado en el Distrito 12?
Y
se acerca a la urna masculina. No se si es mi impresión, pero esta
vez no tarda ni dos segundos en coger la papeleta.
Carraspea
frente al micrófono, y anuncia:
-¡Frederick
Humphrey!
Un
pasillo se abre en el bando de los chicos y un niño de unos catorce
años se acerca lloroso al escenario. Es moreno, con el pelo liso a
la taza, y tiene ojos grisáceos.
-¿Algún
voluntario? ¿Tampoco? Veo que estamos muy poco solidarios este año,
¿eh?
-¡¡Ofrécete
tú!! -oigo que grita un hombre hacia el final de la plaza. Tres
Agentes de la Paz se avalanzan sobre él y se lo llevan a rastras.
Effie
hace oídos sordos a la sugerencia y prosigue con el espectáculo.
-Ahora,
queridos míos, daos la mano en señal de orgullo y respeto hacia
vuestro distrito.
Casi
me tengo que agachar para darle la mano. Ambos parecemos mantequilla
ahora mismo, así que nuestro apretón no es muy firme, que digamos.
Con
un poco de suerte, lo matarán en el Baño de Sangre y no tendrás
que hacerlo tú, me
digo.
-¡Oh!¡Casi
se me olvida! -grita Effie -¡Felices Juegos del Hambre, y que la
suerte esté siempre de vuestra parte!
Aunque
hoy en día, cualquiera se fía de la suerte.
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