-¡Lo
he conseguido! -grito en cuanto veo a Finnick al entrar por la
puerta.
-¿En
serio? -dice, perplejo, mientras viene a mi encuentro.- ¡Lo
sabía!¡Confiaba en tí y lo has conseguido! -me felicita, y me da
un fuerte abrazo.
-¿Qué
has conseguido? -pregunta Fred, que ya había subido diez minutos
antes que yo. Finnick y yo nos soltamos.
-Me
he unido a los profesionales -le digo, todavía con una sonrisa de
oreja a oreja.
-¿Que
has hecho qué? -pregunta Maggs de pronto. -¿Pero te has vuelto
loca? ¡Eso es un suicidio, por Dios!
-Vamos,
Maggs, no creo que sea tan grave. Yo le pedí que lo hiciera. Tiene
buenas aptitudes para estar con profesionales. No veo cual es el
problema -contesta Finnick.
-¿Que
cuál es el problema? El problema es que esos desalmados disfrutan
matando. Ese es el maldito problema. ¿Serás capaz de matar niños?
-ahora se dirige a mí.- ¿Serás capaz de plantarte frente a uno de
ellos, mirarle a los ojos y clavarle un cuchillo en el pecho? ¿Serás
capaz de hacerlo sin pensar que tal vez alguien apuñale a tu hermano
si saliera elegido en futuras cosechas?
Auch.
Empiezo
a temblar. Demasiada rabia acumulada.
-Kate,
creo que es mejor que Fred y tú os vayáis a a vuestras
habitaciones, Maggs y yo tenemos que hablar. -dice Finnick, muy
serio.
Al
pasar a su lado no consigo contenerme.
-Yo
ya no tengo nada que perder, y tú no tienes ningún derecho a
hablarme así. Preocúpate de convertir al crío en un mártir a tu
gusto y a mí déjame en paz -le digo, ardiendo de rabia mientras una
lágrima recorre mi cara hasta perderse en el cuello de mi camisa.
La
mano de Fred me sujeta el brazo y tira de mi, pero yo me suelto y me
dirijo sola a mi habitación.
Los
siguientes diez minutos transcurren entre gritos ahogados contra la
almohada.
¿Quién
se cree que es para hablarme así? No me hará sentir mal, no soy
ninguna asesina. Es mi vida, y pienso luchar por ella cueste lo que
cueste. Es una promesa.
Me
acerco a la puerta y pongo el oído. Todavía discuten.
«No
sabía que estábamos intentando crear una asesina, Finnick» dice
Maggs.
«No
es una asesina, Maggs, ni siquiera ha tocado a nadie todavía. Está
buscándose la vida precisamente para que otros maten por ella» le
contesta él.
No
me hace falta seguir escuchando. Al final entrará en razón. Finnick
convence a cualquiera.
Me
tumbo en la cama y cierro los ojos mientras espero a que se callen.
Estoy
muy cansada. Hoy ha sido un día difícil. Tengo sueño. Y hambre.
Pero el sueño puede más ahora mismo...
Unos
golpes en mi puerta me despiertan de mi breve siesta. Remoloneando,
me levanto de la cama y abro la puerta. Es Effie.
-¡Por
fin! ¡Llevo casi cinco minutos llamando a tu puerta, señorita! La
cena ya está servida -dice, con una sonrisa amable.
-Lo
siento mucho, Effie, pero no me encuentro bien. Hoy no voy a cenar.
-¿Hoy
tampoco? -pregunta. Parece preocupada.
-No...
no he tenido un buen día.
-¿Cómo
que no? Ya me ha contado Finnick que te has unido a los
profesionales, ¡eso es maravilloso, Kate! Conocí a muchos tributos
que lo intentaron y nunca lo consiguieron, ¡y sin embargo tú te los
metes en el bolsillo el primer día! -me dice, entusiasmada.
-Bueno,
no todos creen que sea una buena idea -digo.
-Bah,
¿te refieres a Maggs? Está un poco más cascarrabias de lo normal
estos días, si cabe -dice, y lo dice en voz baja, como si no
quisiera que nadie más lo oyera.- No le hagas mucho caso.
Sorprendentemente
para mí, que alguien más a parte de Finnnick y yo misma me felicite
por mi logro, me anima lo suficiente como para que decida quitarme la
ropa de deporte, darme una ducha rápida, ponerme un bonito vestido
rosa que encuentro colgado en el armario y dejarme el pelo suelto,
tal y como me gusta llevarlo.
Salgo
de la habitación y me dirijo a la gran mesa del comedor, donde ya se
encuentran Finnick, Fred, Cinna, Portia y Effie. Todos están muy
serios.
Me
siento entre Fred y Cinna.
-¿Qué
pasa? ¿Dónde está Maggs? -pregunto.
-Maggs
ha renunciado a seguir ejerciendo de mentora, cielo -me dice Effie.
-¿Qué?
¿Porqué? -pregunto, aunque ya supongo la respuesta.
-Por
“incompatibilidad de caracteres” -dice Finnick, aún atónito.-
Es increíble. No me lo esperaba de ella. Lo siento mucho, Fred. No
te mereces esto.
-No,
yo lo siento mucho -digo, dirigiéndome a Fred. -Ha sido culpa mía,
no tenía que haberme puesto así ayer, yo... lo siento muchísimo.
-No
te preocupes -me dice, y parece sincero. -No es que su presencia me
sirviera de mucho, así que...
-¿Y
ahora qué va a pasar? -pregunto.
-Ahora
ambos estaréis a mi cargo -dice Finnick. -Yo os entrenaré a los dos
y todo será como siempre, ¿de acuerdo?
Miro
a Fred, ambos miramos a Finnick y asentimos.
-¡Bueno!
-salta Effie de repente, haciendo que me sobresalte. -Kate, querida,
¿porqué no nos cuentas a todos cómo conseguiste entrar en el grupo
de los profesionales? ¡Debe ser realmente interesante!
-Sí,
Kate, es todo un acontecimiento -me dice Finnick, sonriendo de nuevo.
-Bueno,
pues estaba yo tan tranquila cuando de repente aparece Cato, el chico
del dos, y me ofrece una pelea clandestina de cuchillos. Acepto, y
cuando estamos a punto de empezar, un instructor nos castiga por
infringir las normas prohibiéndonos ir a los puestos de
entrenamiento físico, así que vamos al de identificación de
plantas y, como ya había estado allí con Fred, sabía perfectamente
lo que hacía. Digamos que le salvé la vida. El muy tonto casi se
come una baya mortal, de no ser por mí, ahora seríamos veintitrés.
Parece que eso lo deja impresionado, porque empieza a hacerme
preguntas sobre qué haría yo en diferentes situaciones, y le dejo
muy claro que soy mucho más lista que todos los tributos juntos. Y,
bueno, lo convencí. Y eso es todo.
-No
está mal. No está nada mal, aunque no me ha gustado lo de la pelea
clandestina -me dice Finnick.
-Lo
sé, a mí tampoco -contesto, riendo.
-¿Y
qué pasa conmigo? -salta de pronto Fred, molesto.
-Para
el carro, amigo -le dice Finnick. -También tengo planes para tí. Lo
comentaremos después de cenar, ¿vale?
-Vale.
-contesta él, aunque parece algo mosqueado.
-Oh,
Effie -digo. -¿Podrías hacerme un favor?
-Claro,
cariño, ¿de qué se trata? -contesta.
-Me
preguntaba si podrías hacerme una especie de horario o plan de
entrenamiento. Me gustaría poder practicar todas las especialidades,
y tengo miedo de que no me de tiempo a hacerlas todas, así que si
pudieras organizar mi tiempo de algún modo... -le digo.
-Oh,
por supuesto, no te preocupes, mañana por la mañana estará listo
-contesta, alegre de que le haya pedido que me organice la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario