Después
de cenar, vuelvo a mi cuarto. Me desvisto en el baño y me meto en la
ducha.
No
me puedo creer que lo haya conseguido. Me he unido a los
profesionales. Aunque un gran poder conlleva una gran
responsabilidad. Tengo que tener los ojos bien abiertos, incluso
mientras esté durmiendo.
Después
de un rato, salgo de la ducha, me pongo una toalla alrededor de la
cabeza y me visto con el albornoz. Salgo del cuarto de baño y me
encuentro a Finnick sentado sobre mi cama, con la cabeza agachada,
apoyada sobre los puños.
-¿Qué
pasa? -le pregunto.
-Siento
haber entrado sin pedirte permiso -dice. Parece preocupado.
-No
importa -le digo. -¿Ha pasado algo?
-Digamos
que necesitaba hablar con alguien.
-Pues
adelante -le digo, y me siento a su lado.
-Le
he contado a Fred lo que tenía pensado para él. No le ha hecho nada
de gracia. Se ha enfadado, ha dicho que a partir de ahora entrenaría
solo y se ha encerrado en su cuarto.
-Vaya...
Bueno, supongo que es comprensible. A mi ya me ha dejado claro en
alguna ocasión que ya no es el niño asustado que todos creíamos al
principio. Sabe lo que quiere, y está dispuesto a conseguirlo sin
depender de la caridad de los demás. Supongo que todo esto nos
cambia a todos.
-Sí,
tienes razón -me dice. -¿Sabes? Creo que eres la única persona en
todo Panem con la que se puede mantener una conversación civilizada.
-hace una pausa. -Excepto cuando te pones borde, ahí eres peor que
Effie cabreada -dice, y ambos reímos.
-Bueno,
tú también eres bastante molesto cuando te pones en plan
diplomático y todo eso -le digo.
-¿Qué
dices? Yo no me pongo diplomático, simplemente nací con el don de
la palabra y la persuasión, señorita -dice, y hace un extraño
amago de reverencia.
Ambos
estallamos en una carcajada, cuando llaman a la puerta.
-Adelante
-digo, mientras ambos seguimos riendo.
Es
Effie.
-¡Vaya!
¡Qué buenas migas habéis hecho vosotros dos! Es una pena que os
hayáis conocido en estas circunstancias, ¿no creéis? -dice ella.
Ambos
nos miramos y dejamos de reir. La situación se ha vuelto algo
incómoda.
-¿Qué
querías, Effie? -pregunta Finnick.
-Oh,
solo venía a despedirme, queridos. Os veré mañana a la hora del
desayuno. Y tendré listo tu horario, cielo, no te preocupes.
-Muchas
gracias, Effie -le digo.
-¡Es
mi trabajo! -dice, y se va, cerrando la puerta tras ella.
-Bueno,
creo que yo también me voy. Te dejo descansar -dice Finncik, se
levanta y se dirige hacia la puerta.
-Vale
-le digo. -Buenas noches.
-Buenas
noches, Kate -me dice, con una sonrisa, y sale de la habitación.
Me
pongo el pijama y me meto en la cama, y le doy vueltas a todo lo que
ha pasado hoy hasta que me quedo dormida pensando en qué pasará
mañana.
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