La
comida transcurre de un modo poco usual. Todos son muy amables
conmigo, incluso Fred. Supongo que temen que los mate, o algo así.
Decido seguir el consejo de Finnick y como hasta que siento que voy a
explotar.
-Ahora
te toca a tí entrenar, señorita -me dice Finnick, mientras se
levanta de su silla y se dirige a mí tendiéndome su mano.
Aunque
de primeras su gesto me pilla un poco por sorpresa, no tardo ni medio
segundo en cogerle la mano, abandonando la batalla con un último
trozo de pastel que se negaba a subirse a mi tenedor.
Cuando
llegamos a la planta de entrenamiento, no hay nadie todavía.
Nosotros hemos comido pronto precisamente para sacar algo de ventaja.
Ni
siquiera sé si podemos estar aquí a esta hora, se supone que hay
unos horarios, pero prefiero no preguntar.
-Empezaremos
por espadas -empieza Finnick, y su tono de voz, su actitud en
general, cambian completamente. Ahora está serio, concentrado, con
una entereza admirable, quizá la que a mí me está faltando.
-Cuando acabemos, pasaremos a los cuchillos, luego tiro con arco y,
por último, cuerpo a cuerpo. Creo que con estas cuatro técnicas
tendrás suficiente para poder atacar y defenderte. ¿Estás
preparada?
-Nací
preparada.
Cinco
horas después estoy en mi cuarto. Suelo escribir lo que siento
cuando me pasa algo demasiado fuerte y necesito soltarlo cuanto
antes. Es un método que siempre hace que me sienta mucho mejor.
Cuando termine de escribir esto, lo quemaré.
Finnick
me ha besado.
No
sé ni cómo, ni porqué ha pasado, pero lo ha hecho. No sé
exactamente como me siento. Pero mal no es la respuesta. Tampoco lo
es decepcionada, disgustada, enfadada, ni siquiera molesta. La verdad
es que no sé exactamente cómo debería sentirme, no se si es
correcto lo que estoy experimentando, si debería o no debería, si
se puede o no se puede... Pero no puedo evitarlo.
Siempre
me había preguntado cómo sería mi primer beso. No era algo que
ocupara mi mente a menudo pero, a veces, al mirar a Matt, me
preguntaba si sería él quien me lo diera. Sí, vale, sé que Cato
ya lo ha hecho en varias ocasiones, pero para mí era como besar a un
perro. Como besar un trozo de cemento. No me producía ningún tipo
de sensación, más bien me daba asco. Mi primer beso me lo ha dado
Finnick. Lo que nunca me hubiera llegado a imaginar es que sería
así. Nunca hubiera imaginado que sabría tanto a despedida como a
primer encuentro. Como echar a correr, libre de nuevo, y darte cuenta
de que te diriges a un precipicio. Felicidad y tristeza. Mejor de lo
que me esperaba y peor de lo que nunca hubiera imaginado.
Estábamos
terminando de entrenar, todo había ido muy bien, yo estaba contenta,
y Finnick también. Pero estaba raro. He de decir que Cato también
estaba en el recinto, junto con Clove y su mentor. Quizá por eso se
le notaba molesto. No sé qué se le pasó por la cabeza en ese
momento pero, cuando subíamos en el ascensor para volver a nuestro
piso, nada más cerrarse la puerta, me agarró por la cintura y me
besó. Durante todo el trayecto del ascensor. Cuando la puerta se
abrió de nuevo, señal de que ya habíamos llegado, simplemente se
separó de mi, se quedó unos segundos mirándome y echó a andar
rumbo a su habitación. Me quedé parada frente al ascensor unos
veinte minutos, y mi siguiente reacción fue venir aquí y escribir
esto. Así que lo estoy haciendo.
Me
alegro de que haya sido Finnick en lugar de Matt. Quiero muchísimo a
Matt, pero no de la manera que todos querrían que lo quisiera. No es
que quiera a Finnick... no, no lo quiero. No se quiere a alguien así
como así, ¿no? ¿o sí? No lo se. Me gustaría poder decir que me
queda mucho tiempo para averiguarlo, pero no es así. Supongo que me
tendré que centrar en el presente, y ya está. No puedo trazar un
plan a largo plazo. Lo único que puedo hacer es luchar con uñas y
dientes por recuperar mi vida.
Cuando
termino de escribir, busco un mechero y quemo la hoja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario