viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo 20


Esta mañana ha sido la exhibición frente al Alto Mando de nuestras habilidades. He optado por seguir el consejo de Finnick, y me he decantado por algo fácil, he hecho una hoguera en 35 segundos y he lanzado 7 cuchillos a los objetivos móviles. Solo he acertado 4, pero han decidido darme un 6. No está nada mal, teniendo en cuenta que se supone que soy una inútil. Lo que más me ha sorprendido ha sido Fred. Le han dado un 10. Me he quedado muy asombrada, no me lo esperaba y, aunque me mata la curiosidad, he decidido que no le preguntaré qué hizo. A Cato le han dado un 12. Es la máxima puntuación. No sé si eso me beneficia o me perjudica aún más. Finnick no ha hablado conmigo desde lo de ayer. Tan solo breves comentarios, me felicitó por mi puntuación, pero poco más.
Esta noche es la entrevista con Caesar Flickerman. Esta noche todo Panem me verá. Tendré que hablar en público, responder a las preguntas que me haga el entrevistador y caerles bien, hacer que me quieran. Es una incertidumbre que me carcome por dentro, pero estoy bastante segura de mí misma y creo que podré manejarlo.
A las 7 de la tarde, Effie irrumpe en mi habitación con un largo vestido azul, el que quieren que me ponga para el evento. La acompaña una chica del servicio que lleva consigo unos bonitos zapatos de tacón plateados, y unos maravillosos pendientes de plata con una piedra azul en el medio, acompañados de su gargantilla a juego. Me visto con ayuda de Effie y, mientras una de las chicas del Centro de Renovación me peina, llaman a mi puerta. Es Finnick.
-Hola, guapo -dice la chica, con un tono de voz un tanto... sugerente.
Me he fijado en el efecto que Finnick causa en las chicas del Capitolio. Todas lo tienen por una especie de dios, o algo así. Su actitud cambia completamente en cuento lo ven llegar.
-Hola, Marlene -le contesta él, con una sonrisa divertida. - Buen trabajo -le dice, señalando a mi peinado. -¿Te importaría dejarnos un minuto a solas, por favor?
-Claro -contesta ella, claramente decepcionada, y dejando con fuerza el peine sobre la mesa situada a mi lado, sale airada de la habitación.
Me encuentro sentada de espaldas a él, así que dirijo mi mirada hacia él por encima de mi hombro.
Él sigue parado, apoyado en el marco de la puerta con aspecto relajado. Finalmente, avanza hacia mi cama y se sienta, situándose frente a mí. Separa las piernas y apoya los codos sobre sus rodillas.
-Estás preciosa -me dice de pronto, y noto que está nervioso.
-Gracias -me limito a contestar.
-¿Estás nerviosa? -me pregunta.
-Mucho. No porque crea que no lo podré manejar, sino porque me preocupa lo que me pueda preguntar. Cato no ha sido discreto precisamente, y temo que saquen ese tema. No sabría qué contestar.
-Bueno, intenta llevarlo todo hacia un tono de humor. Si te pregunta: “¿Estás enamorada de él?” limítate a contestar “Cato es un amante excepcional, pero no quiero hacerle mucha propaganda ya que habrá 11 chicas más en la Arena y no quiero que me hagan competencia” o algo así. Te ganarás la carcajada del público, esos estúpidos se ríen por cualquier cosa. Todo va a salir bien, Kate -me asegura, cogiéndome de las manos.
Algo en mi estómago empieza a moverse, y en lo único que puedo pensar es en que quiero que me bese otra vez. Es más, creo que lo necesito más que cualquier otra cosa. Pero no soy lo suficientemente valiente como para dar yo el paso, hecho que hace que me den ganas de pegarme una patada en el culo a mí misma. Nos quedamos en silencio un par de minutos, hasta que Effie irrumpe de nuevo, seguida por Enobaria, que me mira como si yo fuera el enemigo público Nº1.
-Finnick, querido, te tienes que ir -le dice Effie, levantándolo de mi cama cogiéndolo por el brazo, y dirigiéndolo hacia la puerta, sin darle oportunidad de articular palabra.
Marlene continúa peinándome, pero esta vez lo hace de manera bastante más brusca. No la culpo.
Cuando terminan de arreglarme, salgo de la habitación y encuentro a Fred dando vueltas por el salón con un nerviosismo que hacía tiempo que no veía en él.
-Estás muy guapo -le digo con una sonrisa, intentando ser amable con él. Le han puesto un esmoquin, con la chaqueta de color azul oscuro y una camisa blanca por debajo.
-Sí, sí, tú también -me dice, casi sin mirarme, mientras camina de un lado a otro.
Me gustaría que nuestra relación no se hubiese enfriado tanto, poder darle un abrazo, poder ponernos nerviosos juntos, llorar juntos, reir juntos.
No me lo pienso más, avanzo hacia él y lo intercepto con un fuerte abrazo que, para mi sorpresa, él corresponde. Cuando nos separamos, las palabras me salen solas.
-Estoy muy orgullosa de tí. Eres la persona más valiente que conozco, y me haría muy feliz que ganarás tú. Te lo digo de corazón, Fred. Has sido muy importante para mí aquí, de alguna manera mi conexión con mi vida en nuestro Distrito, con mi familia, con mis amigos. Quería que lo supieras.
-Eres genial, Kate -me contesta, con una gran sonrisa en la cara, que me sienta como un soplo de aire fresco. -Y yo sí que estoy orgulloso de tí. Ahora lo entiendo. Y quiero que me perdones por mi comportamiento.
-No tienes que pedirme perdón por nada, tonto -le digo, alborotándole el pelo. -Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro -contesta.
-¿Qué hiciste en la exhibición?
-Espadas y arco. Soy una máquina -me dice, con un gesto de autosuficiencia que, al contrario que en Cato, en Fred me parece adorable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario