Esta
mañana ha sido la exhibición frente al Alto Mando de nuestras
habilidades. He optado por seguir el consejo de Finnick, y me he
decantado por algo fácil, he hecho una hoguera en 35 segundos y he
lanzado 7 cuchillos a los objetivos móviles. Solo he acertado 4,
pero han decidido darme un 6. No está nada mal, teniendo en cuenta
que se supone que soy una inútil. Lo que más me ha sorprendido ha
sido Fred. Le han dado un 10. Me he quedado muy asombrada, no me lo
esperaba y, aunque me mata la curiosidad, he decidido que no le
preguntaré qué hizo. A Cato le han dado un 12. Es la máxima
puntuación. No sé si eso me beneficia o me perjudica aún más.
Finnick no ha hablado conmigo desde lo de ayer. Tan solo breves
comentarios, me felicitó por mi puntuación, pero poco más.
Esta
noche es la entrevista con Caesar Flickerman. Esta noche todo Panem
me verá. Tendré que hablar en público, responder a las preguntas
que me haga el entrevistador y caerles bien, hacer que me quieran. Es
una incertidumbre que me carcome por dentro, pero estoy bastante
segura de mí misma y creo que podré manejarlo.
A
las 7 de la tarde, Effie irrumpe en mi habitación con un largo
vestido azul, el que quieren que me ponga para el evento. La acompaña
una chica del servicio que lleva consigo unos bonitos zapatos de
tacón plateados, y unos maravillosos pendientes de plata con una
piedra azul en el medio, acompañados de su gargantilla a juego. Me
visto con ayuda de Effie y, mientras una de las chicas del Centro de
Renovación me peina, llaman a mi puerta. Es Finnick.
-Hola,
guapo -dice la chica, con un tono de voz un tanto... sugerente.
Me
he fijado en el efecto que Finnick causa en las chicas del Capitolio.
Todas lo tienen por una especie de dios, o algo así. Su actitud
cambia completamente en cuento lo ven llegar.
-Hola,
Marlene -le contesta él, con una sonrisa divertida. - Buen trabajo
-le dice, señalando a mi peinado. -¿Te importaría dejarnos un
minuto a solas, por favor?
-Claro
-contesta ella, claramente decepcionada, y dejando con fuerza el
peine sobre la mesa situada a mi lado, sale airada de la habitación.
Me
encuentro sentada de espaldas a él, así que dirijo mi mirada hacia
él por encima de mi hombro.
Él
sigue parado, apoyado en el marco de la puerta con aspecto relajado.
Finalmente, avanza hacia mi cama y se sienta, situándose frente a
mí. Separa las piernas y apoya los codos sobre sus rodillas.
-Estás
preciosa -me dice de pronto, y noto que está nervioso.
-Gracias
-me limito a contestar.
-¿Estás
nerviosa? -me pregunta.
-Mucho.
No porque crea que no lo podré manejar, sino porque me preocupa lo
que me pueda preguntar. Cato no ha sido discreto precisamente, y temo
que saquen ese tema. No sabría qué contestar.
-Bueno,
intenta llevarlo todo hacia un tono de humor. Si te pregunta: “¿Estás
enamorada de él?” limítate a contestar “Cato es un amante
excepcional, pero no quiero hacerle mucha propaganda ya que habrá 11
chicas más en la Arena y no quiero que me hagan competencia” o
algo así. Te ganarás la carcajada del público, esos estúpidos se
ríen por cualquier cosa. Todo va a salir bien, Kate -me asegura,
cogiéndome de las manos.
Algo
en mi estómago empieza a moverse, y en lo único que puedo pensar es
en que quiero que me bese otra vez. Es más, creo que lo necesito más
que cualquier otra cosa. Pero no soy lo suficientemente valiente como
para dar yo el paso, hecho que hace que me den ganas de pegarme una
patada en el culo a mí misma. Nos quedamos en silencio un par de
minutos, hasta que Effie irrumpe de nuevo, seguida por Enobaria, que
me mira como si yo fuera el enemigo público Nº1.
-Finnick,
querido, te tienes que ir -le dice Effie, levantándolo de mi cama
cogiéndolo por el brazo, y dirigiéndolo hacia la puerta, sin darle
oportunidad de articular palabra.
Marlene
continúa peinándome, pero esta vez lo hace de manera bastante más
brusca. No la culpo.
Cuando
terminan de arreglarme, salgo de la habitación y encuentro a Fred
dando vueltas por el salón con un nerviosismo que hacía tiempo que
no veía en él.
-Estás
muy guapo -le digo con una sonrisa, intentando ser amable con él. Le
han puesto un esmoquin, con la chaqueta de color azul oscuro y una
camisa blanca por debajo.
-Sí,
sí, tú también -me dice, casi sin mirarme, mientras camina de un
lado a otro.
Me
gustaría que nuestra relación no se hubiese enfriado tanto, poder
darle un abrazo, poder ponernos nerviosos juntos, llorar juntos, reir
juntos.
No
me lo pienso más, avanzo hacia él y lo intercepto con un fuerte
abrazo que, para mi sorpresa, él corresponde. Cuando nos separamos,
las palabras me salen solas.
-Estoy
muy orgullosa de tí. Eres la persona más valiente que conozco, y me
haría muy feliz que ganarás tú. Te lo digo de corazón, Fred. Has
sido muy importante para mí aquí, de alguna manera mi conexión con
mi vida en nuestro Distrito, con mi familia, con mis amigos. Quería
que lo supieras.
-Eres
genial, Kate -me contesta, con una gran sonrisa en la cara, que me
sienta como un soplo de aire fresco. -Y yo sí que estoy orgulloso de
tí. Ahora lo entiendo. Y quiero que me perdones por mi
comportamiento.
-No
tienes que pedirme perdón por nada, tonto -le digo, alborotándole
el pelo. -Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro
-contesta.
-¿Qué
hiciste en la exhibición?
-Espadas
y arco. Soy una máquina -me dice, con un gesto de autosuficiencia
que, al contrario que en Cato, en Fred me parece adorable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario