Un
pequeño despertador situado en la mesilla junto a mi cama me avisa
de que ya son las siete menos cuarto así que, después de remolonear
un poco, me levanto, me visto con mi traje de entrenamiento y salgo
de la habitación hacia el ascensor intentando hacer el menor ruido
posible.
Cuando
llego al jardín, solo Clove se encuentra allí ya.
-Hola.
-le digo.
-Vaya,
vaya... sí que has aparecido pronto, chica Cuatro. Veo que no
quieres perderte nada de lo que pase. Sería una putada que te
engañáramos como una tonta, ¿no crees?
Intento
no entrar en sus juegos de enferma mental, es una pérdida de tiempo.
-¿Dónde
está Cato? -pregunto, intentando sonar indiferente, mientras
jugueteo con una gran flor blanca que asoma entre las hojas de un
arbusto.
-Pff,
todavía sigue en su cuarto -contesta, notablemente molesta porque no
le haya seguido el rollo. -Está intentando parecer decente para
quedar bien contigo, supongo. Estará frente al espejo, poniéndo
muecas ridículas y repitiéndo “¿Qué hay, chica Cuatro?” con
cada una de ellas -dice ella, con burla.
La
idea de Cato practicando caras frente al espejo me divierte, y
contengo un carcajada. Es tan ridículo que hasta me produce ternura.
Aunque
sea un asesino en potencia,
pienso.
La
puerta del ascensor se abre de nuevo, y entran Gloss, Glow y, tras
ellos, Cato.
-¿Qué
hay, chica Cuatro? -dice, mientras se acerca a mí, y no puedo evitar
mirar a Clove, quien me devuelve un mirada divertida, que
inmediatamente cambia a la de profundo desprecio que siempre tiene
cuando me mira.
Cato
pasa su brazo sobre mis hombros y me da un beso en la cabeza, y a mí
me entran unas repentinas ganas de vomitar.
Matt
siempre hacía eso cuando nos veíamos: nos acercábamos, él me
rodeaba con su brazo, me daba un beso en el final de la frente, justo
en el nacimiento del pelo, y yo acariciaba su espalda con la mano.
Era algo muy personal, nuestro, y no me puedo creer que un maldito
loco lo esté ensuciando de esta manera.
Lamentáblemente,
tengo que redimir cualquier impulso asesino que tenga en estos
momentos, así que le dedico una sonrisa amable.
-Bueno,
pues ya que estamos aquí, hagamos algo productivo y pensemos en
estrategias, planes de lucha y todas esas cosas aburridas -dice
Gloss.
-He
estado pensando en algunas cosas. -digo, mientras me separo de Cato y
puedo dejar de aguantar la respiración para no vomitar.
-¿Necesitas
papel y bolígrafo? Yo he traído -dice ella. -Gemela precavida vale
por dos -dice, mientras me entrega el papel y el bolígrafo y
comparte una mirada cómplice con su hermano, seguida de una
carcajada de ambos. Supongo que se trata de algún chiste entre
gemelos que al resto de los mortales no nos hace gracia.
Decido
ignorarles y empiezo a escribir.
Básicamente
es cuestión de origanización. Tenemos que valorar qué es lo que se
nos da mejor, por ejemplo: Clove es buena con los cuchillos, Cato con
la lucha cuerpo a cuerpo, y Gloss y Glow pueden lanzar flechas y
lanzas. Yo soy prácticamente experta en todas las habilidades, así
que cualquier arma será perfecta. La clave está en que los que
consigan sobrevivir al Baño de Sangre, lo hagan con las manos
vacías. No nos apetece tener bajas antes de tiempo. Aunque puede que
todo esto no tenga sentido cuando lleguemos a la Arena, ya que no
tenemos ni idea de cómo va a ser. No sabemos si estaremos en una
isla, en un desierto o en un maldito iceberg, así que el factor
sorpresa del Capitolio está en nuestra contra. Cuando estemos en la
Arena, podré ser más precisa, planear a ciegas es complicado. De
todas maneras, no creo que nada salga mal..
Músculos y
cerebro, ¿recuerdas?
Le
paso el papel a Cato (lo había escrito expresamente para él), pero
Clove lo intercepta antes de que él pueda cogerlo. Se toma unos
segundos para leerlo.
-Y
además tienes sentido del humor. Lo tienes todo, chica en llamas -me
dice, burlándose de mí.
-Clove
-le dice Cato, como quien regaña a un niño pequeño, y extiende la
mano en su dirección para que le devuelva el papel, y ella lo hace a
regañadientes.
Cato
lo lee, me dedica una mirada aprobadora e informa a Gloss y Glow de
su tarea.
Cuando
todos se van, llamo a Cato.
-¿Si?
-contesta él.
-Me
defenderás, ¿verdad? -le pregunto intentando sonar lo más
inocente, dulce y de pocas luces que puedo. -Ya sabes, cuando estemos
en la Arena y eso...
-Claro
-dice, mientras se acerca a mi. -Somos un equipo. Músculos y
cerebro, ¿no? -dice, y sostiene mi cabeza con sus manos, para
después darme un largo beso en los labios.
Lo
que hay que hacer... pienso.
Le
sonrío y ambos nos dirigimos al ascensor. Una vez dentro, me doy
cuenta de que ya no volveremos a coincidir en ninguna otra ocasión,
porque ahora mis entrenamientos serán con Finnick.
-Ya
no te veré hasta el día de la entrevista, y estoy segura de que ni
siquiera podremos hablar entonces. -le digo.
-Es
cierto -dice, y me abraza por la cintura, hundiendo su rostro en mi
pelo.
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