-¿Al
final vamos a comer juntos? -me pregunta Fred.
Ya
han pasado cinco horas desde que empezó el entrenamiento, y he
practicado lanzamiento de cuchillos, salto de obstáculos y un poco
de lucha con espadas. El veredicto es que ha sido una jornada
bastante aceptable, estoy orgullosa de mi misma.
Cuando
estaba con el lanzamiento de cuchillos, he visto a Cato. Se ha
acercado a mí y me ha saludado con un beso en la mejilla, algo que
ha sido bastante desconcertante, tanto para mí como para el resto de
tributos que nos estaban mirando. Me ha dicho que Gloss y Glow habían
hablado con él, y que esperaba verme a la hora de la comida.
-No
me mates, por favor, pero les he prometido a los Profesionales que
comería con ellos. Sabes que tengo que hacerlo -le digo, intentando
que se enfade lo menos posible.
-No
te preocupes, lo entiendo. Supongo que esto es la guerra y sólo
puede quedar uno. No sé en qué momento pensé que estábamos juntos
en esto -me suelta, con una mirada despectiva, y se aleja de mí con
paso firme hacia el puesto de lucha cuerpo a cuerpo.
Eso
me ha dolido. ¿Cuándo ha cambiado tanto? Vale que no lo conozco
desde hace mucho, pero desde luego al principio no era así. Lloraba
por las esquinas rogando que le dejaran volver a casa. Y ahora...
Ya
son las tres en punto. Hora de comer.
La
instructora jefe, Atala, nos guía a una especie de comedor
comunitario. Es una sala contigua al gimnasio, ocupada en su
totalidad por largas mesas con bancos, todas pintadas de gris.
Decide
que, para entrar con un mínimo de orden, nos pongamos todos en fila
de a dos.
Fred
está a mi lado, pero con la mirada al frente y una expresión seria
en el rostro. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho.
Finalmente,
es nuestro turno para entrar. Casi todas las mesas están cubiertas,
y veo un sitio libre situado entre Cato y su compañera de distrito
que, según escuché antes, se llama Clove.
Me
acerco a la mesa con algo de incertidumbre y bastantes nervios. No sé
muy bien como actuar en estos casos.
-¡Oh,
hola, Kate! -me dice Glow.
Su
hermana, que es su vivo retrato, sonríe en cuanto me ve.
Cato,
que se encuentra de espaldas a mí, se gira para saludarme.
-Por
fin, chica Cuatro -me dice. -Ya pensábamos que nos habías dejado
plantados.
-Lo
siento -digo, mientras me siento en el sitio libre. -Es que no
encontraba la mesa.
-Vaya,
pues sí que empezamos bien -me suelta Clove, de pronto.
Gloss
le manda una mirada asesina, que parece traer sin cuidado a mi nueva
compañera.
Los
siguientes tres cuartos de hora transcurren entre bromas macabras que
solo a un profesional se le podrían ocurrir y un montón de
anécdotas sobre sus entrenamientos.
Todos
ríen y conversan animadamente. Cato, que está sentado a mi derecha,
se acerca a mí.
-Acompáñame
-me susurra en el oído. -Quiero enseñarte algo. Yo me levantaré
primero y diré que voy al baño, y después te levantas tú con la
misma excusa. Te espero en el ascensor.
Sin
darme tiempo a contestar, se levanta y se va.
Tras
un par de minutos, me levanto ante la mirada acusadora de Clove.
Un
instructor con cara de pocos amigos me da permiso para ir al baño.
Solo
que en vez de ir al servicio, me dirijo al ascensor donde,
efectivamente, Cato me está esperando.
-¿Qué
querías enseñarme? -le pregunto, curiosa.
-No
seas impaciente, chica Cuatro -me contesta, con una sonrisa de
autosuficiencia, y me hace un gesto con la cabeza para que lo
acompañe dentro del ascensor.
Pulsa
un botón que, en vez de número, tiene el símbolo de un árbol.
Al
principio no sé muy bien de qué se trata, pero cuando las puertas
se abren, descubro un inmenso invernadero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario